Desde el balcón de su apartamento en Teherán, una maestra gritó en una noche reciente consignas contra el liderazgo: “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte al asesino, Khamenei!”, como respuesta a voces similares que surgían de ventanas y azoteas de su vecindario.
En la oscuridad también se escucharon algunas voces que respaldaban a la República Islámica, instaurada hace 47 años.
Sus vecinos respondieron a esos apoyos con pedidos de silencio, ahogando las expresiones progubernamentales, relató la maestra a The Associated Press, pidiendo anonimato por motivos de seguridad.
El país sigue conmocionado por la represión que siguió a las masivas protestas nacionales: fueron los episodios más letales bajo el gobierno del líder supremo Ali Khamenei, de 86 años, y se reportan miles de muertos y decenas de miles de detenciones.
A pesar de la represión, persiste una corriente de desafío. La furia contra los gobernantes se refleja en videos difundidos en redes sociales y en testimonios directos de manifestantes, aunque varios de ellos expresaron también resignación sobre la capacidad de cambio tras la vasta violencia estatal. Todos hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias.
La incertidumbre se agrava por las amenazas de Estados Unidos de actuar militarmente contra Irán, mientras Washington mantiene buques y aviones en la región y, simultáneamente, dialoga con Irán sobre su programa nuclear.
El descontento se manifiesta en gritos nocturnos desde ventanas y techos, un gesto repetido en olas de protestas anteriores.
También se observa en las ceremonias de conmemoración celebradas a 40 días de la muerte de manifestantes, rituales conocidos en persa como chehelom, que en contextos de agitación política suelen adquirir un carácter reivindicativo.
Las conmemoraciones se convierten en protestas
Al cumplirse 40 días de los hechos más letales del 8 y 9 de enero, circulan en internet múltiples videos que muestran ceremonias de chehelom en distintas localidades de Irán; en varios casos las reuniones atraen a centenares de personas que entonan consignas antigubernamentales.
En muchas de estas ceremonias se adoptan tonos festivos y colectivos —con canto y lanzamiento de flores— como rechazo a la solemnidad impuesta por actos oficiales. Con frecuencia los asistentes evitan el término “shaheed” (mártir) por sus connotaciones religiosas y prefieren expresiones como “javid nam” (“larga vida al nombre”).
Videos verificados por AP mostraron, por ejemplo, a cientos de personas en el cementerio principal de Abdanan, en el oeste del país, coreando “Muerte a Khamenei” durante el chehelom de Alireza Seydi, un joven de 16 años que falleció el 8 de enero. En las imágenes se aprecia la intervención de fuerzas de seguridad que dispararon desde un vehículo blindado y emplearon lo que pareció gas lacrimógeno para dispersar a la multitud.
Durante la Revolución Islámica de 1979, los memoriales de 40 días con frecuencia derivaron en mítines que fueron reprimidos, generando un ciclo de nuevas muertes y conmemoraciones posteriores; en el contexto actual hay reportes en redes sociales de intentos por parte de las fuerzas de seguridad de limitar la asistencia a algunos chehelom.
En un video verificado, una concentración de varios cientos de personas en Mashhad coreó: “Por cada persona asesinada, mil más se alzan detrás de ella”, durante el chehelom de Hamid Mahdavi, un bombero abatido en las protestas. Cuando la policía hostigó a algunas personas, la multitud respondió con insultos a los agentes.
El gobierno organizó su propio chehelom, y la Guardia Revolucionaria describió a los fallecidos en un comunicado como víctimas de la violencia de grupos “terroristas” armados y apoyados por potencias extranjeras, calificando la conmemoración como una ocasión para renovar la unidad nacional.
‘Depresión masiva’ e ira
“Más que tristes, la gente está enojada. Todos esperan algún tipo de explosión”, dijo un residente de Karaj, en las afueras de Teherán, que participó en las marchas del 8 y 9 de enero y relató la pérdida de cinco familiares y amigos durante los disparos de las fuerzas de seguridad.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos ha contabilizado hasta ahora más de 7,000 muertos y considera que la cifra real podría ser mayor. El gobierno ofreció una cuenta distinta el 21 de enero, cifrando los fallecidos en 3,117 y describiendo a muchos manifestantes como “terroristas”.
“No conozco a nadie que no conozca a alguien que fue asesinado, arrestado o herido”, afirmó la maestra en Teherán, que perdió a conocidos y vio detenciones entre sus allegados.
Además de la violencia política, la población enfrenta un deterioro económico marcado por la caída de la moneda y una inflación que aumenta los precios diariamente, lo que dificulta incluso la compra de alimentos básicos.
Un residente del norte de Teherán que trabaja en turismo dijo que con la proximidad del Año Nuevo persa (Nowruz) el bazar, normalmente concurrido, permanece vacío. Describió el ánimo general como una mezcla de duelo, falta de recursos e inflación que ha llevado a un estado de “depresión masiva”.
El ambiente también ha afectado la vida cultural: figuras públicas han rechazado proyectos artísticos en señal de protesta o duelo, y personalidades como Alireza Ostad Haji han renunciado a cargos públicos y expresado públicamente su dolor y solidaridad con las familias afectadas.
‘No ven alternativa’
Paralelamente hay temor de que las protestas en la calle no logren cambios frente a la respuesta violenta del Estado. Algunos manifestantes han mostrado apoyo a Reza Pahlavi, hijo del sah derrocado, quien desde el exilio se presenta como líder de una oposición fragmentada y ha pedido presión internacional, incluso ataques contra Irán.
Es difícil medir el alcance real del apoyo a Pahlavi dentro del país, pero durante las protestas de enero se oyeron consignas a su favor con más frecuencia que en el pasado, cuando su figura generaba poco eco.
Algunos manifestantes llegan a expresar el deseo de una intervención exterior por impotencia ante las armas: “Cada noche, cada hora, desearía poder escuchar los ataques (de EEUU)”, dijo un participante en las protestas, que agregó que muchos amigos no volverán a salir por la violencia estatal.
La maestra declaró que, pese a haberse sumado a protestas previas, no participó en las de enero por no compartir el apoyo a Pahlavi; no obstante, reconoció que incluso personas contrarias al exsoberano se sumaron a las marchas y llegaron a corear “¡Larga vida al sah!”.
“La gente está muy cansada y no ve alternativa”, resumió. Al mismo tiempo, expresó su temor de que una intervención extranjera provoque una guerra, conflictos internos y más víctimas: “Tengo miedo de que haya más masacres”.
(AP)

