No hubo mucho tiempo para vacaciones ni para descansar. Entre rascacielos y calles nevadas, Minerva Casero se preparó para uno de sus principales proyectos de 2026: el estreno de Anastasia, el musical de Broadway que llegará a la calle Corrientes en mayo. Al mismo tiempo, avanza con su carrera musical y se dispone a lanzar su primer álbum en los próximos meses. Aunque siente nervios, se muestra serena por el respaldo de su familia y, en particular, por el apoyo continuo de su padre, Alfredo.
A lo largo de su trayectoria —que incluye reconocimientos por Iosi, el espía arrepentido y Sin salida, además de su trabajo en Viudas negras: p*tas y chorras— Minerva no oculta su entusiasmo. Durante dos semanas se formó en Nueva York, en TEB NYC, donde trabajó siete horas diarias y tomó clases de canto, danza y actuación con integrantes de elencos de producciones como Moulin Rouge, Hamilton, Wicked, The Great Gatsby y Aladdin.
Nacida en una familia de artistas, mostró interés por la actuación y la música desde muy pequeña: sus primeros pasos en el espectáculo fueron a los tres años, en los shows de su padre. A pesar del vínculo y el apoyo familiar, Minerva prefiere mantener cierta distancia en su proceso creativo y reserva su intimidad incluso con las personas más cercanas.
En el terreno musical, lanzó un disco titulado Minerva, que recorre géneros como bolero, R&B, pop alternativo y bachata, y ofrece una puerta de entrada a su universo tanto para sus seguidores como para los medios.
– ¿Cómo te sentís en esta etapa de tu vida?
– Me conmueve mucho. Es una etapa clave para mí, con mucho esfuerzo, determinación y búsqueda. A veces me siento en estado de shock y hasta con sensaciones de disociación, preguntándome si todo esto realmente pasó. Pero soy consciente de que detrás de esto hay mucho trabajo y muchas personas que colaboraron.
– ¿Cómo viviste el lanzamiento de tu disco? Era un proceso tan íntimo y ahora te estás exponiendo al público…
– Hay una parte que se siente vulnerable y otra que se siente libre. Siento alivio pero también veo detalles que corregir porque soy muy exigente. Sin embargo, confié en la esencia del proyecto y quise conservarla: muchas tomas podrían haberse repetido, pero decidí preservar lo genuino. Espero que esa honestidad llegue a quienes lo escuchen.
– ¿Cómo describís tu álbum?
– Es el resultado de una búsqueda personal. Tiene una forma que se fue transformando; lo veo como un experimento, algo lúdico y en evolución. Lo consideré un “bichito”: algo vivo, sin una forma rígida, que nació de probar y jugar con sonoridades. Acepté esa singularidad y la cuidé.
– La mejor palabra que encuentro es “experiencia”, un viaje sonoro que te atraviesa muchas emociones…
– Hay momentos en los que invito a cerrar los ojos y dejarse llevar, aunque también trabajamos imágenes y visuales. Para mí fue un sueño cumplido poder realizarlo acompañada de un equipo que comprendiera la esencia de lo que quería. Al principio juzgué mucho lo que escribí y preferí no releerlo; grabamos y solo hicimos correcciones mínimas porque sentimos que lo que había nacido era auténtico. Hubo mucho perfeccionismo, pero también compromiso con lo que el proyecto pedía.
-Durante el lanzamiento de tu EP, tu papá Alfredo te mandó un video tuyo jugando de chiquita…
– Mi papá me mandó varios videos mientras estaba de gira. Uno mostraba a una Minerva niña hablándole a su “yo” del futuro; fue extraño y conmovedor verlo justo en ese momento. Otro video me muestra jugando con una tacita y él aplaudiendo: fue muy tierno. Mi padre siempre cargó con una cámara y registró muchos momentos de mi vida, y resulta curioso y valioso ver ese material y cómo fui cambiando con el tiempo.
– ¿Vas entendiendo cosas y decís: “Ah, mirá, esto ya venía desde esos años?”
– Sí, siempre canté y bailé y disfruté de esa libertad. Con la edad me fui acomodando a estructuras más formales, a clases y a pautas, pero esa inclinación por jugar y divertirme siempre estuvo. Claro que siento nervios y temor al subir al escenario, pero también disfruto mucho y por eso sé que ese es mi lugar.
– Tu papá no estuvo tanto en el proceso del EP, del día a día, por lo tanto, ahora se encuentra con todo. ¿Cómo fue explicarle el bichito? Tanto a él como a la familia, una familia de artistas…
– Mi familia entendió rápido la propuesta porque me conocen y porque cada uno tiene sus propios proyectos. No involucré a muchas personas durante la creación, busqué un espacio íntimo para evitar incorporar demasiadas opiniones; sí consulté a quienes realmente quería. Papá no participó en la creación, pero luego siguió el proceso y me comentó desde la mirada externa, lo que fue muy valioso para mí.
– Cuando eras chica, tu papá viajó mucho a Japón, ¿te inculcó algo de esa cultura?
– Vi varias películas de Hayao Miyazaki que mi padre me traía, y me marcaron. Me gustó especialmente La princesa Mononoke: resuena conmigo su protección de lo propio, su mezcla de ternura y fuerza, y la relación con la naturaleza. Me identifico en parte con esa dualidad entre lo suave y lo primario.
– En tu EP tenés una versión de “Burbujas de amor”, ¿cómo fue la elección de ese tema?
– Soy admiradora de Juan Luis Guerra y de sus letras, que me parecen muy cuidadas. Siempre me gustó esa canción y sentí que podía interpretarla desde otra perspectiva: la original está inscrita en el código de la bachata tradicional, y yo quise hacer una versión propia, más femenina y sensual, sin perder el respeto por la pieza original.
– Recuerdo una vez que Juan Luis Guerra dijo que se había basado en Julio Cortázar.
– Sí, se menciona que la canción se inspiró en Rayuela, de Julio Cortázar, en una imagen sobre peces en una pecera que aparece en el libro. Me resultó llamativo y simpático que haya una conexión así con una obra argentina.
– Le pusiste tu nombre al EP, ¿cuántos nombres, títulos, hubo por ahí y por qué te terminaste decidiendo por este?
– Hubo muchas opciones y cambios: pasamos por ideas como Nube y otras propuestas más melancólicas. Finalmente, con la sugerencia del equipo decidimos titularlo Minerva, en una elección que también remite a la tradición de artistas que ponen su nombre en trabajos de presentación. Fue una decisión pensada y consensuada.

