17 de marzo de 2026
Buenos Aires, 25 C

Marcelo Brodsky y la memoria de los desaparecidos

En el marco del 50o aniversario del golpe de Estado en Argentina, el artista Marcelo Brodsky presenta nuevamente Buena Memoria, una muestra de fotografías, archivos y video que propone un ejercicio colectivo e íntimo para revisar de forma crítica los efectos persistentes de la represión estatal.

La galería porteña Rolf Art exhibe por primera vez desde su estreno en 1997 en la FotoGalería del Teatro San Martín —curada entonces por Sara Facio— el ensayo visual completo (1967-1996). A la exhibición se suma, tras dos décadas, el texto original del curador Rodrigo Moura, que acompañó la primera presentación internacional del proyecto en Brasil.

El proyecto de Brodsky (Buenos Aires, 1954) nace de su exilio en Barcelona y de la desaparición de su hermano Fernando. A partir del archivo familiar y la memoria personal, explora el trauma causado por la dictadura cívico-militar que gobernó Argentina bajo Jorge Rafael Videla entre 1976 y 1983.

El artista utiliza imágenes y documentos auténticos para construir una experiencia que, partiendo de lo íntimo, alcanza a la sociedad en su conjunto: lo personal se transforma en un punto de referencia compartido que interroga el pasado y sus consecuencias.

La pieza central de Buena Memoria, La Clase. 1er Año – 6ta División (1967), es una reproducción de gran formato de una fotografía tomada en el Colegio Nacional de Buenos Aires, intervenida por Brodsky con marcas y anotaciones en colores vivos que registran el destino de sus compañeros de curso.

Sobre la foto aparecen anotaciones que indican distintos desenlaces: Claudio murió en un enfrentamiento; Martín fue de los primeros en ser detenido y no llegó a conocer a su hijo Pablo; Erik vive en Madrid; Patricia se recuperó, aunque sufrió; Leonor regresó a Buenos Aires recientemente; Etel se casó y sus hijos hoy asisten al colegio.

En Sobre la fotografía, Susan Sontag planteó que la imagen puede convertirse en un objeto de consumo que, al transformar horrores en representaciones visuales, corre el riesgo de anestesiar al público, idea que anticipa la era digital de proliferación de imágenes.

También sostuvo que las fotografías no solo registran la historia, sino que pueden contribuir a moldearla: su uso y manipulación influyen en la memoria colectiva y en la manera en que se interpreta el pasado.

En ese sentido, La Clase confirma y subvierte esas observaciones: es a la vez un registro documental y un punto de encuentro entre la memoria personal y la historia colectiva, gracias a la intervención manual del artista.

La caligrafía apresurada y escolar remite a la experiencia formativa y a la inocencia juvenil, mientras que la información añadida otorga dimensión trascendente al registro, conectándolo con el presente y extendiendo su carácter documental hacia el futuro.

Con su intervención, Brodsky logra que lo íntimo se convierta en materia colectiva y que la obra adquiera una temporalidad crítica: la fotografía deja de ser un simple objeto de consumo para mantener su capacidad de transformar la sensibilidad del espectador.

La relevancia de la obra se refleja en su presencia en colecciones de instituciones como el Museo Reina Sofía, el Metropolitan Museum of Art, la Pinacoteca de São Paulo, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, el Museo Nacional del Banco de la República de Bogotá, la Tate de Londres y el Museum of Fine Arts de Houston.

Además de La Clase, la muestra reúne cinco capítulos más —Los compañeros; Puente de la memoria; Mi amigo Martín; Nando, mi hermano; y El Río de la Plata—, con un total de 80 fotografías, documentos originales de época y cuatro videos, lo que constituye un testimonio visual relevante sobre la reciente historia argentina.

En Buena Memoria, objetos autobiográficos y elementos cotidianos pasan a ser públicos en el sentido que Hannah Arendt otorga a lo público en La condición humana: espacios donde la experiencia compartida y la acción política se hacen visibles a través del discurso.

Según Jacques Rancière, el arte debe inquietar y provocar para sensibilizar frente al orden “policial” existente; la serie de Brodsky, por su capacidad de extensión y actualidad, cumple esa función y puede generar nuevas interpretaciones sobre lo contemporáneo.

La muestra puede centrar la atención en los crímenes y desaparecidos de la dictadura y reactivar el debate sobre memoria y justicia, al mismo tiempo que plantea interrogantes sobre cómo se define y amplía la categoría de “desaparecidos” en contextos democráticos.

En Roma antigua, Homo sacer designaba a quien podía ser asesinado con impunidad, una figura cuya exclusión hace pensar en las personas que, en distintos contextos, quedan reducidas a estadísticas: inmigrantes expulsados, quienes migran para escapar de dictaduras o las víctimas anónimas de ataques remotos, muchas veces sin reconocimiento público.

En el plano local, investigaciones como Desaparecer en democracia de Adriana Meyer reúnen casos que superarían las doscientas desapariciones en democracia; también están los desconocidos, los niños “perdidos” y las personas en situación de calle cuya invisibilización constituye otra forma de desaparición bajo condiciones políticas distintas.

A medio siglo del golpe de Estado, la obra de Brodsky mantiene viva la memoria: la vuelve íntima y pública, la ofrece al colectivo y al mismo tiempo la vuelve disponible para ser reconfigurada en el presente.

*Buena Memoria, de Marcelo Brodsky. En Rolf Art, Esmeralda 1353, CABA. De lunes a viernes, de 11 a 19 hs, hasta el 24 de abril de 2026. Entrada gratuita.

Artículo anterior

Proyecto sorpresa en Miami con Messi, Susana Giménez, Tini y Rodrigo de Paul

Artículo siguiente

Irán atacó la embajada de Estados Unidos en Irak con drones y misiles

Continuar leyendo

Últimas noticias