13 de mayo de 2026
Buenos Aires, 13 C

Mayo de 1968: estudiantes y obreros, barricadas en el Barrio Latino y la revolución que redefinió Francia

Era 1968. La medianoche del 10 de mayo señaló el inicio de una movilización social amplia. Miles de estudiantes ocuparon el Barrio Latino y levantaron barricadas con adoquines, en referencia al lema —Sous les pavés, la plage!— que evocaba demandas de libertad. Hubo enfrentamientos con la policía, uso de gases y una firme determinación de los jóvenes por mantener su espacio frente al orden establecido.

¿Qué ocurrió exactamente? Entre el 10 y el 11 de mayo de 1968, tras el cierre de la Universidad de la Sorbona, se produjeron choques entre cerca de 20.000 jóvenes y las fuerzas de seguridad (CRS). Tras la ruptura de las negociaciones, la policía lanzó una ofensiva con gases lacrimógenos y proyectiles; los estudiantes, en respuesta, resistieron tras unas sesenta barricadas hechas con autos volcados y adoquines. El enfrentamiento dejó casi un millar de heridos y cientos de detenidos, lo que provocó indignación nacional y llevó a los sindicatos a convocar una huelga general el 13 de mayo, que movilizó a alrededor de nueve millones de trabajadores y paralizó gran parte del país.

El movimiento unió por primera vez de forma masiva a estudiantes y trabajadores contra un adversario común: el gobierno de Charles de Gaulle y el modelo social y económico vigente. La presencia de barricadas y la magnitud de la protesta impulsaron a sectores obreros a sumarse, generando una movilización inédita que cuestionó jerarquías, estructuras autoritarias y el papel de Francia en conflictos como la Guerra de Vietnam.

El estallido de mayo: de la Sorbona a la huelga general

El 11 de mayo, París mostró las consecuencias de la confrontación: restos de barricadas, autos dañados y adoquines arrancados en el Barrio Latino, y paredes cubiertas de consignas como “Prohibido prohibir” o “La imaginación al poder”. Lejos de acallar la protesta, la represión policial provocó adhesiones de profesores, intelectuales y sectores políticos que criticaron la dureza de la respuesta gubernamental.

La tensión se extendió a facultades y liceos en todo el país. Las demandas iniciales por la reapertura de la Sorbona y el cese de la represión derivaron en peticiones más amplias: democratización universitaria, libertad de expresión y mayor participación en la toma de decisiones. Se multiplicaron las asambleas y la solidaridad llegó a zonas industriales donde ya había descontento por condiciones laborales precarias.

El gobierno de Charles de Gaulle subestimó la magnitud del movimiento y confió en la acción policial para restablecer el orden. Sin embargo, la escalada continuó y, el 13 de mayo, la huelga general paralizó fábricas, bancos, transportes y servicios públicos. Con más de nueve millones de trabajadores en las calles, la economía se detuvo y el Estado se encontró desbordado por una movilización masiva que exigía cambios profundos.

Las calles se convirtieron en espacios de debate y experimentación política: teatros y radios fueron ocupados, y se formaron comités de acción que acercaron la vida estudiantil y obrera. En asambleas conjuntas, estudiantes y obreros empezaron a reconocerse como aliados en una lucha por transformaciones sociales más amplias.

Un país en vilo

La revuelta de mayo no fue espontánea: tuvo raíces en tensiones acumuladas. En 1968, Francia vivía una paradoja: crecimiento económico durante los “Treinta Gloriosos” y, al mismo tiempo, una sociedad bajo controles rígidos. El gobierno gaullista encarnaba valores conservadores que chocaban con las aspiraciones de la nueva generación, que demandaba mayor autonomía y espacios de libertad. Paralelamente, la clase trabajadora enfrentaba salarios y condiciones laborales que alimentaban su malestar.

Influidos por corrientes antiimperialistas y por la oposición a la Guerra de Vietnam, muchos jóvenes se sentían reprimidos por estructuras universitarias masivas y autoritarias. La desconexión entre el Estado y estas demandas sirvió como catalizador para la movilización que convirtió adoquines en barricadas.

El gobierno intentó negociar con los sindicatos y ofreció reformas laborales, pero la desconfianza en las bases obreras era alta. El 29 de mayo, De Gaulle desapareció por algunas horas, lo que alimentó rumores y sensación de vacío de poder. Las manifestaciones continuaron siendo numerosas y persistentes en las calles.

La movilización puso en tensión a partidos tradicionales y cúpulas sindicales, y produjo una parálisis social inédita con comercios cerrados y servicios interrumpidos. La cobertura mediática mostró fábricas ocupadas y debates públicos sobre el futuro de la democracia en Francia.

A finales de mayo, la crisis alcanzó su punto máximo: el gobierno convocó elecciones anticipadas y los sindicatos aceptaron negociar, logrando concesiones laborales importantes, como aumentos salariales (en algunos casos hasta un 35%) y la reducción a una jornada laboral de 40 horas semanales. Aunque la revuelta no derribó al régimen, sí dejó huellas profundas en la sociedad: debilitó la rigidez paternalista del Estado y abrió paso a una mayor valoración de las libertades individuales, la participación y la crítica al autoritarismo.

Desde entonces, la juventud francesa adquirió mayor protagonismo político y cultural. Si bien la transformación radical que algunos aspiraban no se realizó por completo, el movimiento de mayo de 1968 sirvió de inspiración para luchas sociales en otras partes del mundo y marcó un cambio duradero en la mentalidad colectiva.

La paradoja final es que, en términos electorales, la crisis benefició a De Gaulle, que disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones, trasladando parte de la contienda de la calle a las urnas, donde predominaban votantes conservadores. Sin embargo, en el plano cultural y social, los estudiantes consiguieron triunfos duraderos: consolidaron un espacio para el pensamiento crítico y ampliaron las libertades que caracterizaron el resto del siglo XX.

El impacto del Mayo Francés trascendió París y se convirtió en referencia para movimientos estudiantiles y obreros en el mundo. La toma de la Sorbona y la ocupación de fábricas como Renault simbolizaron prácticas de autogestión y desafío a la autoridad. Mientras los sectores conservadores organizaron manifestaciones masivas en defensa del orden, las lecciones de mayo produjeron cambios laborales y culturales que, aunque no llevaron al poder a la utopía que algunos buscaban, alteraron de forma duradera las normas sociales y ampliaron los límites de la libertad pública.

Artículo anterior

Independiente empata con Rosario Central de Di María en octavos

Artículo siguiente

Angela Torres recibe críticas y apoyo por decir que no tiene un cuerpo hegemónico

Continuar leyendo

Últimas noticias

Menos colectivos en AMBA