La víspera de Navidad de 1617, una tormenta inesperada en la región noroccidental de Finnmark hundió diez barcos y causó la muerte de unos 40 hombres, que representaban la mayor parte de la población masculina del pueblo pesquero de Vardo.
El desastre se atribuyó a la brujería, desencadenando una de las persecuciones más intensas por ese delito en la historia de Noruega, según informa Smithsonian Magazine.
La catástrofe afectó a una comunidad dispersa de alrededor de 3.000 personas, acostumbrada a las duras condiciones del Ártico, y provocó cambios en la economía local, en las relaciones familiares y en la cohesión social de la zona.
La hipótesis de causas sobrenaturales se difundió rápidamente y las sospechas recayeron sobre mujeres, a quienes se consideraba capaces de provocar tormentas mediante la magia negra.
Juicios, tortura y represión en Finnmark
Poco después comenzaron las acusaciones. Testimonios recogidos por Smithsonian Magazine muestran que el miedo a pactos con el diablo se extendió de inmediato tras la tormenta.
Se produjo una reacción en cadena en la que acusados, a menudo bajo tortura, denunciaban a otras personas de la comunidad.
En Finnmark se registraron tres grandes oleadas de persecución: 1620–1621, 1652–1653 y 1662–1663.
Tribunales como el de Vardohus reunieron cientos de declaraciones sobre supuestos pactos con el diablo y prácticas de magia negra.
Entre 1620 y 1692 se procesó a 111 mujeres y 24 hombres en Finnmark, y 91 personas fueron ejecutadas, la mayoría en la hoguera. Estas cifras representan casi un tercio de las condenas por brujería en Noruega, pese a que la región albergaba solo el 0,8% de la población del país en ese periodo.
Los métodos de investigación incluían la tortura y la llamada “prueba por agua”: el acusado, atado y arrojado al agua, era considerado culpable si flotaba, por la creencia de que el agua rechazaba a quienes habían hecho pactos con el diablo.
El gobernador de distrito John Cunningham desempeñó un papel central en la primera oleada de persecuciones. Apoyado en un decreto real de 1617 del rey Christian IV de Dinamarca-Noruega e inspirado en métodos escoceses, sostenía que quienes pactaran con el diablo debían ser llevados ante la justicia.
La catástrofe de 1617 sirvió a Cunningham para iniciar los procesos en 1620, en los que 12 mujeres fueron ejecutadas. El decreto definía como brujos a quienes “se relacionasen con el diablo o le sirvieran”.
Los prejuicios de género y origen étnico se combinaron con supersticiones y castigos ejemplares, intensificando la represión en tiempos de crisis. La demonología, promovida por líderes religiosos y políticos, estigmatizó al norte como origen del mal y consideró al pueblo sami especialmente proclive a las artes ocultas: de 16 hombres sami procesados, 13 fueron ejecutados.
El legado de la caza de brujas y la memoria histórica
La arqueóloga Reidun Laura Andreassen, citada por Smithsonian Magazine, señaló que la hoguera se percibía como un medio de “purificación del alma”.
Muchas confesiones, obtenidas bajo tortura, alimentaron la narrativa demonológica con relatos sobre reuniones con el diablo, transmisión de poderes entre generaciones y marcas en el cuerpo.
Entre las figuras que influyeron en ese periodo destacan el astrólogo Ambrosius Rhodius y su esposa Anne Friedrichsdatter Rhodius, quienes, encarcelados junto a las acusadas, difundieron ideas demonológicas que afectaron los juicios.
Tras la última oleada de 1662–1663 solo se documentaron casos aislados; el último homicidio relacionado con la caza de brujas ocurrió en 1692. Con la llegada del siglo XVIII y la Ilustración, estas persecuciones desaparecieron en Noruega, aunque el estigma perduró durante generaciones.
En 2011 la reina inauguró el Memorial de Steilneset en Vardo, un espacio con 91 ventanas iluminadas y paneles informativos diseñado para honrar la memoria de las víctimas, según Smithsonian Magazine.
Para Andreassen, promotora del memorial, la historia de Finnmark muestra la persistencia de la intolerancia y la persecución de mujeres y minorías, un fenómeno que sigue teniendo relevancia y no pertenece únicamente al pasado.


