El cineasta estadounidense Richard Linklater ha presentado este año dos películas: Blue Moon, en la que vuelve a colaborar con Ethan Hawke, y Nouvelle Vague, estrenada en el Festival de Cannes, un filme que rinde homenaje a la revolución artística iniciada por la nouvelle vague francesa.
Rodada en blanco y negro, la película recrea el rodaje de Al final de la escapada de Jean‐Luc Godard, considerada un hito en la historia del cine. El trabajo de Linklater no se limita a contar la génesis de esa película, sino que busca capturar la intensa creatividad de una generación que cambió la forma de hacer y entender el cine.
Para acercarse a la estética y a los métodos de la época, la producción utilizó las mismas cámaras y objetivos que empleó Godard en su filmación original, con la intención de ofrecer una experiencia inmersiva en los procedimientos técnicos y estilísticos del momento. En la ficción, Guillaume Marbeck interpreta a Godard y comparte reparto coral con personajes que representan a figuras como François Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette, Éric Rohmer, Jean Seberg y Jean‐Paul Belmondo.
El elenco incluye a Adrien Rouyard, Antoine Besson, Jonas Marmy, Côme Thieulin, Zoey Deutch y Aubry Dullin. Linklater eligió en su mayoría a intérpretes poco conocidos para evitar la mitificación de los protagonistas y acercar al público a la idea de jóvenes cineastas que exploraban caminos inéditos más que a iconos ya consagrados.
Revolución cinematográfica y homenaje colectivo
Nouvelle Vague reconstruye episodios clave del surgimiento del movimiento, desde la actividad en la redacción de la revista Cahiers du Cinéma —donde muchos de estos cineastas se formaron como críticos— hasta el estreno de Los cuatrocientos golpes de Truffaut en Cannes, el rodaje de obras vinculadas a Bresson y los encuentros con directores internacionales como Roberto Rossellini.
Plano a plano, la película remonta las discusiones, estrategias y debates que impulsaron una verdadera transformación fílmica. En su presentación en el Festival de San Sebastián, Linklater subrayó que la energía del movimiento nació en gran parte de la necesidad de cambio y de un espíritu insurgente que cuestionó las normas establecidas.
Linklater explica que su aproximación fue la de un aficionado respetuoso: ver la época desde cierta distancia le permitió encontrar matices de humor y humanidad. No pretendía filmar sobre figuras mitificadas, sino narrar la experiencia de jóvenes creadores que descubren nuevas vías en el cine, según declaró en una entrevista con Infobae.
El director concibió la película como una celebración del trabajo colectivo, entendiendo el cine como un arte comunitario. La intención fue observar “un equipo”, enfatizando la colaboración, las tensiones creativas y las dinámicas que emergen cuando se trabaja en conjunto.
El legado de la Nouvelle Vague
Sesenta y cinco años después, el espíritu rupturista de la nouvelle vague sigue siendo un referente de modernidad y renovación. Para Linklater, títulos como Al final de la escapada conservan su vigencia porque siempre existe espacio para la innovación y la revolución artística; es esencial que el creador mantenga esa actitud experimental.
El director también destacó el papel de la tecnología ligera de la época, que facilitó la transición hacia un cine más personal y directo, y permitió a los realizadores desafiar las limitaciones impuestas por la industria dominante.
Según Linklater, la película aborda la libertad artística y la valentía de quienes buscaron nuevos lenguajes: para crear un tipo distinto de película hay que emplear métodos distintos, herramientas nuevas y decisiones originales; esa práctica es la base de la originalidad cinematográfica.
Coescrita junto a Holly Gent Palmo, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr. y Michèle Pétin, Nouvelle Vague pretende dar cuenta del impacto profundo que aquella generación ejerció sobre el cine. Al presentar el filme en San Sebastián, Linklater compartió también que, como a muchos de esos cineastas, el cine le salvó y le brindó amistades duraderas.
El director cierra su reflexión con una cita de Godard: “Hago películas para hacer que el tiempo pase”, y rememora la confesión de Truffaut de que ver películas le liberaba “del miedo de la verdadera vida”. Esa experiencia cinematográfica, afirma Linklater, ha sido una fuente constante de inspiración en su vida y en su trayectoria: “No hay lugar que más me inspire que el cine y las películas”.


