4 de febrero de 2026
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Transformando la oncología

En el centro de todo avance médico está la investigación clínica: un proceso riguroso, colaborativo y esencial para convertir el conocimiento científico en terapias que mejoran, prolongan y, en muchos casos, salvan vidas. Uno de los mayores desafíos actuales de la medicina moderna es avanzar en los tratamientos contra el cáncer.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el cáncer no es una sola enfermedad, sino un conjunto amplio de patologías que pueden afectar distintas partes del cuerpo. Esta diversidad exige desarrollar terapias específicas para cada tipo de tumor y, además, adaptar los tratamientos a las necesidades de cada paciente.

La tendencia hacia una medicina más personalizada se aprecia tanto en la creación de nuevas terapias como en las formas de administración. Las innovaciones en las vías de aplicación son clave para mejorar la experiencia del paciente. Por ejemplo, la administración subcutánea en oncología posibilita que fármacos que antes requerían horas de infusión hospitalaria se apliquen en minutos, optimizando recursos sanitarios y reduciendo la interrupción de la vida cotidiana de las personas.

El desarrollo de un nuevo fármaco oncológico suele llevar entre 10 y 15 años de investigación y pruebas para garantizar seguridad y eficacia. Según la Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA), de cada 5.000 a 10.000 compuestos que inician investigación, solo uno logra superar todas las etapas y obtener la aprobación final para su uso clínico. Este dato refleja el gran esfuerzo y la inversión necesarios en innovación farmacéutica.

Argentina desempeña un papel relevante en este escenario global. Datos de la Cámara de Especialidades Medicinales (CAEME) indican que la oncología concentra más del 26% de los estudios presentados ante la autoridad regulatoria. Además, la investigación clínica absorbió el 48,2% de la inversión privada en I+D en el país, equivalente a más de 717 millones de dólares, con un crecimiento real del 7% respecto al año anterior. Estos indicadores muestran un ecosistema dinámico que genera empleo calificado y sitúa a los profesionales locales en la vanguardia científica.

El reto es mantener y potenciar ese entorno de innovación. Un marco que valore y proteja la propiedad intelectual incentiva a las compañías a seguir invirtiendo en tratamientos cada vez más precisos y eficaces. La previsibilidad regulatoria y de políticas públicas facilita el desarrollo de soluciones menos invasivas y mejor adaptadas a cada diagnóstico.

Más allá de lo técnico, la investigación clínica es un compromiso con la salud pública. Es el motor que impulsa la transformación del tratamiento del cáncer, ampliando el acceso a terapias innovadoras que contribuyen a la calidad de vida de los pacientes y a nuevas oportunidades terapéuticas.

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