Es difícil, quizá imposible, saber con certeza cuáles fueron las últimas palabras de Johnny Frank Garrett antes de ser ejecutado por inyección letal el martes 11 de febrero de 1992 en la Unidad Penal de Huntsville, Texas. El Departamento de Justicia Criminal de Texas informó oficialmente que “el delincuente se negó a hacer una última declaración”, pero varios periodistas presentes, entre ellos el enviado de APB News, incluyeron en sus crónicas una cita atribuida a Garrett: “Me gustaría agradecer a mi familia por amarme y cuidarme. El resto del mundo puede besarme el culo”.
Garrett tenía 28 años al momento de la ejecución; el crimen por el que fue condenado había ocurrido cuando él tenía 17. La noche del 31 de octubre de 1981, en Amarillo, Texas, fue violada y asesinada Tadea Benz, una monja de 76 años del Convento de San Francisco. Según las investigaciones, la hermana Tadea sufrió agresiones sexuales y múltiples heridas de arma blanca.
Esa misma noche, horas antes del ataque, Garrett había entrado a robar en el convento y fue visto por alguien al marcharse. Los peritos hallaron huellas dactilares en la escena y, al allanar la casa donde vivía con su familia, la policía encontró un cuchillo de cocina similar al encontrado ensangrentado en el lugar del crimen. Su historial de pequeños robos y su detención, el 9 de noviembre de 1981, reforzaron las sospechas en su contra.
Durante los interrogatorios Garrett admitió haber robado pero negó repetidamente haber matado a la monja. En público y ante las autoridades mostró conductas atípicas: habló de tener personalidades distintas, como un alter ego llamado Aaron Shockman, y dijo comunicarse con el espíritu de su tía Bárbara. Se le realizaron pericias psiquiátricas que pusieron en duda su cordura; sin embargo, de forma sorprendente, esas evaluaciones no fueron presentadas en el juicio y un jurado lo condenó por unanimidad a la pena de muerte.
Organizaciones contrarias a la pena capital, peritos psiquiátricos, Amnistía Internacional y el papa Juan Pablo II pidieron clemencia durante una década, sin éxito. Cuando fue ejecutado seguía señalando que recibía visitas de su difunta tía Bárbara y de otros fallecidos en su celda. La investigación formal sobre el caso continuó y, en 2004, un análisis de ADN realizado sobre la evidencia encontrada en la escena y en el cuerpo de la hermana Tadea determinó que el autor del crimen era otra persona. Para Garrett ya era demasiado tarde: había sido enterrado más de diez años antes.
El secreto de Johnny
Johnny Frank Garrett nació en Amarillo la noche del 24 de diciembre de 1963. Su infancia fue profundamente violenta: según las averiguaciones, sufrió abusos sexuales por parte de sus padres y una de sus abuelas y fue forzado a participar en películas pornográficas cuando era niño. Ese pasado empeoró su situación procesal y limitó su capacidad para defenderse y presentar argumentos de clemencia tras la condena. La psiquiatra forense Dorothy Lewis, que lo entrevistó en varias oportunidades, escribió que Garrett parecía más aterrorizado por la posibilidad de ser identificado en esas películas que por la ejecución inminente.
Dorothy Lewis era reconocida por sus estudios sobre el trastorno de identidad disociativo (también llamado trastorno de personalidad múltiple) y solía actuar como perito defensor en juicios de alto perfil, sosteniendo que personalidades alternativas podían impulsar a algunos individuos a cometer delitos. Su enfoque era y sigue siendo objeto de debate, pero en el caso de Garrett ella consideró que su cuadro encajaba con esa hipótesis.
Al principio Lewis pensó que Garrett podía ser esquizofrénico o tener daño cerebral grave; sin embargo, tras verlo en una entrevista televisiva en la que hablaba de que su tía Bárbara se le aparecía en la celda, cambió su diagnóstico y empezó a trabajar con la idea de múltiples personalidades. Decidió viajar a Huntsville para intentar evitar la ejecución y llegó a sostener: “El Estado de Texas está a punto de ejecutar a un hombre loco por un acto cometido por un niño loco”.
Antes de una audiencia de clemencia Lewis lo entrevistó de nuevo. Garrett relató la existencia de su alter ego Aaron Shockman, que según él apareció después de episodios de abuso y de palizas que recibió en la escuela. También expresó un profundo temor a que las películas pornográficas de su infancia se hicieran públicas. En la junta de clemencia la perito afirmó que Garrett no estaba mentalmente apto para ser ejecutado y presentó grabaciones de sus entrevistas para ilustrar las supuestas personalidades múltiples.
No hubo clemencia
En concordancia con los informes psiquiátricos, los obispos católicos de Texas solicitaron que la justicia considerara no solo que Garrett era menor de edad cuando ocurrió el delito, sino también pruebas no admitidas en el juicio que apuntaban a daño cerebral, abuso infantil y adicción a las drogas. Desde el Vaticano, el papa Juan Pablo II también pidió clemencia.
Amnistía Internacional remitió en enero de 1992 una carta a la gobernadora de Texas, Ann Richards, advirtiendo que Garrett tenía un largo historial de enfermedad mental y abusos en la infancia que no habían sido presentados al jurado en el juicio de 1982. Según los expertos que lo examinaron entre 1986 y 1992, padecía graves trastornos mentales, lesiones cerebrales y una psicosis crónica, con alucinaciones paranoides, incluida la creencia de que la inyección letal no lo mataría.
La gobernadora Richards concedió una prórroga de un mes, pero rechazó una nueva solicitud de clemencia presentada el 6 de febrero de 1992. Seis días después, Garrett fue conducido por el corredor de la muerte y ejecutado por inyección letal. Su última comida fue sencilla: helado, en abundancia.
El ADN revelador
Doce años después de la ejecución, en respuesta a una presentación judicial, los forenses compararon el ADN extraído de la evidencia recogida en la escena del crimen y del cuerpo de la hermana Tadea con bases de datos criminales. La prueba fue concluyente: la muestra coincidió con la de Leoncio Pérez Rueda, un delincuente que ya estaba encarcelado por un delito similar, la violación y asesinato de otra mujer llamada Narne Box Bryson.
Ante el interrogatorio, Pérez Rueda admitió haber violado y asesinado a una monja anciana en Amarillo, aunque no recordó con precisión el nombre de la víctima ni la fecha exacta. Tras esa declaración, la policía revisó las pruebas originales y confirmó que Pérez Rueda era el autor del crimen contra la hermana Tadea.
Ese hallazgo indicó que Garrett fue acusado y condenado por un delito que no cometió; sin embargo, pese a la evidencia de la culpabilidad de otra persona, las autoridades estadounidenses no han exonerado formalmente a Johnny Frank Garrett y en los registros judiciales continúa figurando como el condenado por ese crimen.

