17 de febrero de 2026
Buenos Aires, 27 C

Kasparov: solo una derrota militar de Putin en Ucrania devolverá la esperanza a Rusia y Europa

Garry Kasparov, ex campeón mundial de ajedrez y activista político ruso, sostiene que únicamente una derrota militar de Vladimir Putin en Ucrania podría devolver la esperanza a Rusia y a Europa. Tras casi cuatro años de la invasión a gran escala, Kasparov identifica la guerra como expresión de una mentalidad imperial profundamente arraigada en la sociedad y en las instituciones rusas, alimentada por décadas de propaganda y por la configuración del Estado.

En una entrevista con Ethic, Kasparov explicó que Putin no encaja en el estereotipo del dictador clásico, sino que actúa como un dirigente formado en la KGB que ha aprendido a manipular símbolos y percepciones para consolidar su poder. Advierte que la ambición de Putin va más allá de ocupar territorio: pretende remodelar el orden internacional y desafiar a Occidente. Para Kasparov, convencer a los rusos de que el proyecto imperial ha terminado es esencial para evitar la repetición del ciclo autoritario.

Kasparov comparó estilos de poder con juegos: el ajedrez, con información completa y transparencia, favorece a quienes confrontan ideas; el póker, con engaños y faroles, es más acorde con el método de Putin. Según Kasparov, el dirigente ruso ha explotado durante décadas la inacción internacional, reemplazando en muchos casos la confrontación militar por estrategias híbridas de desinformación y presión política.

El símbolo del cambio y la mecánica dictatorial

La victoria de Kasparov sobre Anatoli Karpov en 1985, en la Unión Soviética, fue interpretada por muchos como un símbolo de cambio: Karpov representaba al régimen, mientras que Kasparov encarnaba la posibilidad de renovación en la era de Gorbachov. Ese triunfo tuvo un efecto psicológico relevante para quienes aspiraban a mayores libertades.

Kasparov relató que su camino estuvo marcado por obstáculos institucionales y por la protección del sistema al candidato oficialista. Subrayó que los símbolos importan en la lucha contra la opresión: son necesarios para galvanizar a la sociedad. Reiteró su comparación entre ajedrez y póker para enfatizar que los autoritarios prefieren tácticas opacas que permiten engañar y ocultar intenciones.

En su análisis, Kasparov considera que Putin ha apostado por el farol durante más de veinte años, aprovechando la vacilación externa para avanzar en sus objetivos más que por la fuerza real de su posición.

Putin, la memoria imperial y la guerra sin reglas

Kasparov afirma que la deriva autoritaria de Putin era previsible porque muchas de sus metas fueron expresadas de manera pública: la recuperación de símbolos soviéticos, comentarios sobre la disolución de la URSS como una catástrofe, y advertencias a la OTAN en foros internacionales. Para Kasparov, estos gestos y declaraciones evidenciaban un proyecto de restauración de influencia rusa mucho antes de 2022.

Según el ex campeón, la invasión de Ucrania es la culminación de un proceso que incluyó la guerra en Georgia en 2008 y una respuesta internacional insuficiente. Kasparov sostiene que el objetivo real de Putin no es solamente recuperar territorios, sino desafiar y cambiar el orden liberal mundial.

Una guerra híbrida extendida a Occidente

Para Kasparov, el conflicto ya trasciende las fronteras ucranianas: es una confrontación dirigida también contra la Unión Europea, la OTAN y Estados Unidos. Considera que Europa disfruta de relativa estabilidad porque Ucrania enfrenta directamente los ataques, y critica la falta de voluntad decidida para confrontar al Kremlin de manera abierta y sostenida.

Recuerda la respuesta occidental ante la invasión rusa de Georgia como un ejemplo de atenuación de responsabilidades que animó a Putin a actuar con impunidad. También advierte sobre la existencia de grupos y redes en Europa con vínculos o financiación rusa como factores que complican una respuesta unificada.

Kasparov reconoce que Putin se equivocó al subestimar la resistencia ucraniana, pero acierta al haber contado con la previsiblemente limitada reacción occidental: una percepción que, según él, incentivó la escalada.

Estados Unidos, Trump y los riesgos democráticos

En su valoración sobre Estados Unidos, Kasparov diferencia la tradición democrática americana de la historia rusa, pero detecta similitudes en tácticas que erosionan instituciones. Critica a Donald Trump por intentar desmantelar equilibrios democráticos y advierte sobre la necesidad de vigilancia ciudadana para preservar las instituciones, aunque reconoce que la fortaleza institucional de EE. UU. ha evitado un colapso comparable al ruso.

Sobre la relación de Trump con Putin y Ucrania, Kasparov piensa que muchas decisiones estuvieron motivadas por intereses personales y por la subestimación de la capacidad ucraniana. Aun así, observa que la evolución del conflicto ha mostrado que la victoria rusa no era segura.

El virus imperial y la imposibilidad de paz

Kasparov describe la mentalidad imperial como un rasgo estructural de la sociedad rusa, presente en conservadores y liberales y perpetuado por la propaganda desde la infancia. Sostiene que las derrotas militares han sido las que en ocasiones han propiciado reformas internas, mientras que las victorias exteriores han reforzado regímenes autoritarios.

Ofrece ejemplos históricos para ilustrar la relación entre derrotas y cambios políticos en Rusia —Crimea (1853), la guerra con Japón, la Primera Guerra Mundial— y advierte que sin una derrota significativa las dinámicas imperialistas tenderán a repetirse. En su opinión, solo una sacudida fuerte podría alterar ese patrón.

El precio de la complacencia y la esperanza posible

Kasparov atribuye el fracaso de una transición democrática plena en Rusia a la persistencia de la estructura imperial del Estado. Reconoce errores propios y de otros reformadores al no entender que las transformaciones políticas requerían desmantelar esa arquitectura de poder.

Critica una adopción superficial de la democracia centrada en mejoras materiales y consumo, que no arraigó instituciones democráticas profundas y permitió que las fuerzas autoritarias mantuvieran influencia. En su diagnóstico, Putin supo aprovechar esos vacíos.

Concluye que, para devolver la esperanza a la población rusa, es indispensable la derrota definitiva del régimen de Putin en el plano militar y la desarticulación cultural y estructural de su proyecto expansionista. Convencer a la sociedad rusa de que el modelo imperial ha terminado es, según Kasparov, la tarea principal del siglo XXI.

Artículo anterior

Obras de bacheo en Monte Grande

Artículo siguiente

Juliette Binoche conmueve en el Festival de Berlín con Queen At Sea

Continuar leyendo

Últimas noticias