20 de febrero de 2026
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Ira persiste en Irán tras represión sangrienta que dejó miles de muertos

Desde el balcón de su vivienda en Teherán, una maestra gritó por la noche consignas contra el liderazgo: “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte al asesino, Khamenei!”, respondiendo a voces similares que se escuchaban en ventanas y terrazas de su vecindario.

En algunos lugares se oyeron también gritos de apoyo a la República Islámica, instaurada hace 47 años.

Sus vecinos reaccionaron ordenando silencio y abrumaron las voces progubernamentales, relató la maestra a The Associated Press, quien pidió mantener el anonimato por seguridad.

Irán atraviesa un estado de conmoción, dolor y temor tras la contundente represión de protestas nacionales, considerada la más letal bajo el mando del Líder Supremo Ali Khamenei. Miles de personas han muerto y se estima que decenas de miles han sido detenidas.

A pesar de la represión, persisten muestras de desafío: la ira contra los gobernantes aparece en videos difundidos en redes y en testimonios de manifestantes. Sin embargo, varios entrevistados también expresaron sentimientos de impotencia después de que cientos de miles salieran a las calles y fueran recibidos con violencia. Todos hablaron en condición de anonimato por temor a represalias.

La situación se complica por la amenaza de un posible ataque de Estados Unidos: Washington ha desplegado buques y aviones en la región mientras mantiene conversaciones con Irán sobre su programa nuclear.

La protesta se manifiesta habitualmente en la noche con consignas desde ventanas y azoteas, un patrón observado en anteriores oleadas de movilización.

También adquiere forma en las ceremonias de 40 días por los fallecidos, llamadas chehelom, que en tiempos de crisis suelen adoptar un contenido político además del tradicional recuerdo familiar.

Las conmemoraciones se convierten en protestas

Esta semana se cumplieron 40 días desde los episodios más mortíferos del 8 y 9 de enero, y múltiples videos muestran ceremonias de chehelom en pueblos y ciudades iraníes que derivaron en cánticos antigubernamentales y concentraciones de personas.

En muchas de esas ceremonias el tono es festivo y cercano: familiares y amigos cantan y lanzan flores, rechazando la solemnidad promovida por el Estado. En lugar de llamar a los fallecidos “shaheed” (mártir), algunos usan la expresión persa “javid nam”, que alude a preservar su nombre.

Imágenes verificadas por AP desde Abdanan muestran a cientos de personas en el cementerio principal coreando “Muerte a Khamenei” durante el chehelom de Alireza Seydi, un joven de 16 años muerto el 8 de enero, y muestran la intervención de fuerzas de seguridad que dispararon desde un vehículo blindado y lanzaron lo que pareció ser gas lacrimógeno.

Durante la Revolución Islámica de 1979, las conmemoraciones de 40 días por manifestantes muertos solían transformarse en actos de protesta que, al ser reprimidos, alimentaban nuevas movilizaciones en ciclos sucesivos.

Publicaciones en redes señalan que las autoridades han tratado de limitar la asistencia a algunas ceremonias de chehelom.

En Mashhad, una concentración por el chehelom de Hamid Mahdavi reunió a varios cientos de personas que corearon “Por cada persona asesinada, mil más se alzan detrás de ella”. Cuando la policía hostigó a participantes, la multitud respondió con insultos contra los agentes, según un video revisado por AP.

El gobierno celebró sus propias conmemoraciones y la Guardia Revolucionaria describió a los fallecidos en un comunicado como víctimas de “grupos terroristas” armados y con apoyo extranjero, definiendo la ceremonia como una ocasión para reafirmar la unidad nacional.

‘Depresión masiva’ e ira

“Más que tristes, las personas están enojadas. Todo el mundo está muy enojado. Todos están esperando algún tipo de explosión”, dijo un residente de Karaj que participó en las marchas.

Ese vecino asistió a las manifestaciones del 8 y 9 de enero y afirmó que cinco de sus familiares y amigos perdieron la vida cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra la multitud.

La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos ha contabilizado más de 7,000 muertos y considera que la cifra real podría ser mayor. El gobierno ofreció su única cifra oficial el 21 de enero, informando 3,117 fallecidos y calificando a muchos manifestantes como “terroristas”.

“No conozco a nadie a mi alrededor que no conozca a alguien que fue asesinado, o alguien que fue arrestado o herido”, dijo la maestra de 26 años, que perdió conocidos en la represión y que informó además detenciones entre allegados de colegas.

La crisis política se suma a una situación económica deteriorada: la moneda se devalúa y la inflación erosiona el poder adquisitivo.

“Cada día, los precios suben. Nos estamos acercando a un colapso económico. Comprar fruta se ha convertido en un lujo”, comentó el residente de Karaj.

Un trabajador del sector turístico en el norte de Teherán señaló que con la proximidad del Año Nuevo Persa los bazares, normalmente concurridos, están ahora vacíos.

El entrevistado describió una combinación de duelo, escasez de recursos e inflación que ha llevado a la población de la capital a un estado de “depresión masiva”.

El clima social también afectó la actividad cultural: una actriz importante anunció que no aceptaría nuevos papeles “en esta tierra que huele a sangre”.

El presentador de un popular concurso de fuerza masculina, Alireza Ostad Haji, expresó condolencias a las familias en duelo, renunció a responsabilidades deportivas nacionales y se quebró al recordar a Masoud Zatparvar, un culturista fallecido durante las protestas, subrayando que era un manifestante, no un terrorista.

‘No ven alternativa’

Existe además el temor de que las protestas callejeras no alcancen cambios significativos debido a la respuesta violenta y desproporcionada del Estado.

El residente de Karaj y el manifestante que trabaja en turismo manifestaron su apoyo a Reza Pahlavi, hijo del sah, quien desde el exilio se presenta como figura de la oposición fragmentada y ha instado a la comunidad internacional, incluso a Estados Unidos, a presionar a Irán.

No es posible medir con exactitud el alcance del apoyo a Pahlavi dentro del país, pero durante las protestas de enero sus consignas fueron más visibles que en el pasado, cuando recibía poca atención en el interior.

Algunos manifestantes llegaron a expresar deseos de un ataque estadounidense, considerados impensables antes por muchos.

“Cada noche, cada hora, desearía poder escuchar los ataques (de EEUU)”, dijo el trabajador del turismo, afirmando que ante ametralladoras y blindados sienten que no pueden responder con sus manos. Añadió que muchos compañeros que salieron a las calles en enero no volverán por la violencia estatal.

La maestra dijo que no participó en las protestas de enero por su rechazo a las muestras de apoyo hacia Pahlavi, aunque señaló que incluso algunos críticos del exmonarca corearon consignas en favor del sah.

“La gente se ha cansado mucho y no ven alternativa”, explicó.

Al mismo tiempo, expresó temor de que una intervención externa derivara en guerra, luchas internas y más víctimas.

“Tengo miedo de que haya más masacres”, concluyó.

(AP)

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