Desde el balcón de su vivienda en Teherán, una profesora gritó a la noche consignas contra el liderazgo del país, como “Muerte al dictador” y “Muerte al asesino, Khamenei”, sumándose a otros gritos que se oían desde ventanas y azoteas en su vecindario. Algunas voces contestaron en apoyo del régimen, pero los residentes opositores las ahogaron con sus propias respuestas, relató la docente a The Associated Press, pidiendo anonimato por su seguridad.
En todo Irán persiste una mezcla de dolor, miedo y desafío después de que las protestas masivas fueron aplastadas por una represión extremadamente violenta bajo el liderazgo del ayatolá Ali Khamenei. Miles de personas murieron y se estima que decenas de miles fueron detenidas.
Al mismo tiempo, siguen viéndose muestras abiertas de protesta, tanto en videos difundidos en redes sociales como en testimonios de manifestantes, aunque varios entrevistados también expresaron sensación de impotencia tras la contundente respuesta del Estado. Todos hablaron en anonimato por temor a represalias.
La situación se complica además por la amenaza de Estados Unidos de emprender acciones militares contra Irán; Washington ha desplegado buques de guerra y aviones en la región mientras mantiene negociaciones con Teherán sobre su programa nuclear.
La resistencia se manifiesta, entre otras formas, en los cantos desde balcones y azoteas durante la noche, una práctica que ha reaparecido en oleadas de protestas previas, y en actos conmemorativos que han adquirido una dimensión política tras las muertes durante las manifestaciones.
Las conmemoraciones se convierten en protestas
Esta semana se cumplieron 40 días desde los episodios más letales de represión ocurridos el 8 y 9 de enero, y circulan múltiples videos que muestran ceremonias de 40 días —conocidas como chehelom— en ciudades y pueblos de Irán. En varios casos, cientos de personas se reunieron y entonaron consignas antigubernamentales.
Estas reuniones a menudo adoptan un tono festivo, con amigos y familiares cantando y arrojando flores en rechazo a la solemnidad impuesta por el Estado en actos oficiales. Muchos asistentes evitan términos religiosos como “shaheed” (mártir) y emplean expresiones como “javid nam” (larga vida al nombre) para referirse a los fallecidos.
En Abdanan, en el oeste del país, videos verificados por AP muestran a cientos de personas en el cementerio principal coreando “Muerte a Khamenei” durante el chehelom de Alireza Seydi, un joven de 16 años asesinado el 8 de enero. Esas imágenes también registran disparos y la dispersión de gas lacrimógeno por parte de fuerzas de seguridad, que provocaron la huida de la multitud.
Durante la Revolución Islámica de 1979, los memoriales de 40 días solían transformarse en concentraciones que las fuerzas de seguridad intentaban reprimir, provocando un ciclo de más violencia y nuevas conmemoraciones. En el contexto actual, publicaciones en redes indican que las autoridades han tratado de limitar la asistencia a algunas ceremonias de chehelom.
En Mashhad, una multitud coreó “Por cada persona asesinada, mil más se alzan detrás de ella” durante el chehelom de Hamid Mahdavi, según un video verificado por AP. Cuando la policía hostigó a algunos asistentes, la gente respondió con abucheos y gritos contra los agentes.
El gobierno celebró sus propios chehelom para las víctimas, y la Guardia Revolucionaria declaró que muchos de los muertos fueron causados por “grupos terroristas” armados y con apoyo extranjero, describiendo la conmemoración como una oportunidad para reafirmar la unidad nacional.
‘Depresión masiva’ e ira
Varios residentes describen un ambiente de ira generalizada más que de simple tristeza. Un habitante de Karaj, en las afueras de Teherán, dijo que muchas personas esperan alguna reacción o “explosión” social tras los sucesos. Él participó en las marchas del 8 y 9 de enero y aseguró que cinco familiares o allegados suyos murieron a causa de los disparos contra manifestantes.
Organizaciones de derechos humanos contabilizan hasta ahora miles de muertes; la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos reportó más de 7,000 fallecidos y estimó que la cifra real podría ser mayor. El gobierno, por su parte, informó el 21 de enero que 3,117 personas murieron y calificó a muchos manifestantes de “terroristas”.
La docente de 26 años en Teherán dijo que prácticamente todo el entorno conoce a alguien que fue asesinado, detenido o herido. Además del impacto humano, la población afronta una fuerte crisis económica y la caída de la moneda, con aumentos diarios de precios que afectan el poder adquisitivo.
Un residente del norte de Teherán que trabaja en turismo señaló que, con la llegada del Año Nuevo Persa en marzo, los bazares suelen llenarse, pero ahora permanecen vacíos. Describió la situación como una combinación de duelo, falta de dinero e inflación que ha generado un estado de “depresión masiva” en la capital.
El clima de duelo también ha afectado la vida cultural: algunos artistas han rechazado proyectos en señal de protesta o luto. Figuras públicas han expresado su dolor y, en algunos casos, renunciado a cargos en organismos deportivos tras la muerte de conocidos manifestantes, subrayando que esas personas no eran “terroristas” sino participantes en las protestas.
‘No ven alternativa’
Existe además la preocupación de que las protestas en las calles no logren cambios mientras el Estado use fuerza abrumadora. Algunos manifestantes han mostrado apoyo al exiliado Reza Pahlavi, hijo del sah, que se ha pronunciado como figura opositora y ha pedido apoyo externo, incluso insinuando un ataque estadounidense.
La magnitud del respaldo a Pahlavi dentro de Irán es difícil de medir, pero durante las protestas de enero se escucharon consignas a su favor con más frecuencia que en el pasado. Ciertas personas, desesperadas por la represión, han declarado públicamente que desearían intervenciones extranjeras; otros temen que ello pueda provocar una guerra, luchas internas y más víctimas.
Varios entrevistados admiten que muchos no volverán a las calles tras la violencia sufrida en enero. Mientras tanto, otros que no apoyan a Pahlavi participaron en las protestas e incluso corearon lemas como “¡Larga vida al sah!” en señal de rechazo al sistema actual, reflejando la extensión del descontento y la falta de alternativas visibles para muchos ciudadanos.
La preocupación principal de algunos es que cualquier acción externa o intensificación del conflicto desemboque en más masacres y sufrimiento.
(AP)

