9 de mayo de 2026
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La trampa de la nominalidad: por qué la tasa de crédito frena la recuperación económica

El mercado financiero argentino muestra hoy una marcada desconexión entre la mejora macroeconómica y la persistente dificultad de familias y empresas para acceder a financiamiento.

Si la cartera total se expande por la generación de nuevos créditos, la tasa de mora debería bajar de forma mecánica al aumentar el denominador. Para que la tasa de morosidad aumente simultáneamente, el numerador —los impagos— debe crecer a un ritmo mucho más rápido que la originación de préstamos.

Ese crecimiento de los impagos no refleja un crecimiento sano del crédito, sino un empeoramiento de la capacidad de pago impulsado por la dificultad para refinanciar a tasas razonables y por la caída sostenida de los ingresos reales. Reducir la explicación a que “los bancos no saben dar créditos” es una simplificación que omite el problema estructural. Además, en el universo financiero ampliado, las billeteras virtuales y fintechs exhiben un deterioro aún mayor, pues la desregulación de tasas eleva sus niveles de mora.

Asimetría en la banca: tasas rígidas y círculo vicioso del riesgo

La persistencia de tasas activas altas responde a incentivos y asimetrías en los balances bancarios. Hace un año, frente a la desarticulación de pasivos remunerados del BCRA y presiones cambiarias preelectorales, la autoridad monetaria aplicó un fuerte endurecimiento monetario que elevó tanto el costo de fondeo como las tasas activas.

Con la estabilización política y una mejora cambiaria, el BCRA empezó a aflojar esos instrumentos, reduciendo la tasa de política y los encajes. No obstante, la reacción del mercado fue desigual: las tasas pasivas cayeron con rapidez, pero las tasas activas se mostraron resistentes a la baja.

Esta rigidez tiene dos explicaciones técnicas principales. Por un lado, tras el estrechamiento de márgenes, las entidades buscan recuperar rentabilidad enfocándose en crédito al consumo cautivo. Por otro, el aumento de la mora obliga a mayores provisiones, elevando el costo por peso prestado; la prima por riesgo de impago absorbe cualquier baja en el costo de fondeo, de modo que los buenos deudores terminan subsidiando la insolvencia de otros segmentos de la cartera.

Ecosistema ineficiente: el bloqueo en cuatro frentes

El nivel de las tasas activas es síntoma de un fracaso coordinado entre cuatro actores clave, y no puede atribuirse únicamente al comportamiento de los consumidores o de las entidades financieras:

El Banco Central: su mecanismo de transmisión monetaria está obstruido y las reducciones de la tasa de referencia no se trasladan con eficacia a la economía real.
El Estado Nacional: además de la carga impositiva sobre los intereses (IVA), el rol del Tesoro al renovar y absorber vencimientos genera un efecto de crowding-out que sustrae pesos que podrían destinarse al crédito privado.
Las Provincias: mediante impuestos como Ingresos Brutos y gravámenes sobre transacciones, encarecen las operaciones financieras y elevan el costo efectivo anual.
Las Entidades Financieras: priorizan la preservación de liquidez y rentabilidad de corto plazo, y se resisten a trasladar de forma agresiva la baja del costo de fondeo a sus líneas de préstamos y tarjetas.

No es sensato volver a tasas reales fuertemente negativas que históricamente descapitalizaron al sistema y favorecieron la dolarización. Un crédito sostenible debe tener un costo real positivo; sin embargo, aceptar tasas reales que multiplican por tres la inflación esperada es desproporcionado y castiga tanto la producción como el consumo.

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