El estreno del documental Tardes de soledad de Albert Serra en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín reavivó el interés durante el verano porteño. Ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián 2024, la película abordó una tradición española polémica con el estilo propio de su autor: Serra, con una filmografía más valorada en Francia que en España, se aleja de las expectativas habituales al presentar un trabajo centrado en la tauromaquia.
En sus dos horas de metraje, la cámara sigue de cerca al torero peruano Andrés Roca Rey, su cuadrilla y los toros en plazas de Sevilla, Madrid, Bilbao y Santander. La fotografía y el diseño de sonido crean una atmósfera envolvente; el público queda fuera del encuadre y actúa solo como rumor de fondo, lo que intensifica la sensación de clausura y atemporalidad. Los planos registran detalles físicos e íntimos: la respiración, la tensión entre hombre y animal y los instantes terminales de la estocada.
La película abre con la imagen de un toro de noche mirando a cámara, una escena que transmite la inevitabilidad de la fatalidad. Después, se muestra a Roca Rey y su equipo alejándose en un furgón, con el torero cubierto de sudor y sangre y una expresión que mezcla desafío y enigma.
Albert Serra, el director catalán, conversó con Infobae Cultura sobre la concepción y el rodaje de Tardes de soledad.
La entrevista planteó de entrada cuál es el tema central del film y por qué Serra decidió realizarlo.
Serra explicó que inicialmente no sentía afinidad por el documental, prefería la ficción por la dirección de actores y la posibilidad de trabajar la fantasía. Con todo, llegó a la idea de que un documental debe justificarse formalmente y aportar una mirada visual que no pueda sustituirse por texto o periodismo, porque la imagen tiene una complejidad y ambivalencia que revela aspectos inaccesibles por otras vías.
En este caso, consideró que el asunto no podía recrearse en ficción: las corridas y la presión real de las grandes plazas exigían registro directo. Por eso eligió el formato documental, con la intención de que la obra fuera también una pieza plástica y artística, independiente del debate sobre la tauromaquia. Desde lo visual, valoró la fuerza del material: la sangre, los trajes, la violencia y la sensualidad ritual.
En cuanto a la técnica, señaló avances que facilitaron la filmación, como micrófonos inalámbricos con baterías de larga duración, y su método de trabajo minimalista: equipos reducidos y operadores que manejan sus propias cámaras sin asistentes. Esa aproximación permitió captar situaciones que, según él, no podían ser obtenidas de otra forma.
Serra también destacó la presencia de Andrés Roca Rey como elemento cinematográfico valioso: un sujeto fascinante, hermético y difícil de leer, cuya mirada y gestos mantienen al espectador en constante indagación sobre su interioridad y sus motivaciones.
El director dijo haber abordado el rodaje con curiosidad e “inocencia”, dejando de lado prejuicios y expectativas para mostrar un punto de vista inédito. Afirmó no pretender abrir un debate ideológico con la película; su objetivo era producir imágenes relevantes desde lo artístico.
Ante la observación de que, por su trayectoria, sorprendía que eligiera un tema tan ligado a la identidad española, Serra respondió que todo artista debería desafiar expectativas. Reconoció que la tauromaquia es un asunto marcadamente español, pero aseguró que lo eligió por su interés visual y por no sentirse atraído por asuntos más “burgueses” como la corrupción o los problemas cotidianos.
Admitió, además, una afinidad con la literatura taurina y referencias teóricas sobre la materia, y recordó su experiencia infantil en plazas. Señaló la dimensión irracional y primitiva de la lidia —una confrontación que remite a conductas ancestrales— y valoró el contraste estético entre la brutalidad y el control elegante del torero. Subrayó conceptos como el temple y la calma observadora del torero, rasgos que consideró especialmente cinematográficos e hipnóticos.
Respecto a si la película buscaba provocar frente a la corrección política —mencionando prohibiciones en lugares como Cataluña— Serra explicó que no persigue la provocación ni le preocupa la opinión pública. Citó una idea sobre la provocación como interpretación personal y dijo que su interés era describir las cosas tal como las percibe. Señaló que, aunque hubo reparos iniciales, sobre todo en ámbitos universitarios, la propuesta avanzó y no buscó defender una postura a favor o en contra de la tauromaquia; la intención fue estética. También comentó que, en los debates tras las proyecciones, sorprendentemente pocas personas preguntaron sobre la crueldad hacia los animales.
*Tardes de soledad se proyecta en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín: domingo 15 y miércoles 18 de febrero a las 18 hs; jueves 19 y viernes 20 de febrero a las 21 hs.

