18 de febrero de 2026
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Cinco mitos zombis que condicionan a los docentes

En un encuentro en el auditorio del St. George’s School de Quilmes, James Heal —especialista en Ciencias del Aprendizaje y director de práctica en Harvard’s Research Schools International— presentó una lista de “mitos zombis” que circulan en instituciones educativas y que, según su experiencia, conviene revisar.

Los expuso como parte de un recorrido personal —“yo también lo creía”— que requirió tiempo, lecturas y práctica para reconocerlos. No los presentó como verdades definitivas, sino como señales que invitan a formular mejores preguntas.

1. Bloom como pirámide: la tentación de la escalera

La imagen de la “pirámide” de Bloom, con niveles y verbos ascendentes, se repite en muchas paredes escolares y universitarias, sugiriendo que el pensamiento se desarrolla escalón a escalón. Heal aclaró que esa lectura simplifica la propuesta original.

Bloom describió procesos cognitivos que se entrelazan y se activan simultáneamente, no una secuencia rígida. Pensar el aula desde esa perspectiva implica preguntar qué tipo de procesamiento exige una tarea y qué condiciones hacen posible ese procesamiento, más que medir cuánto se “sube” en una jerarquía.

Además, la pirámide no surgió directamente de Bloom sino de quienes intentaron resumir y embellecer una idea compleja. Ese diseño atractivo terminó moldeando prácticas de planificación y evaluación con una visión reductora de la mente.

2. Estilos de aprendizaje: la etiqueta como identidad

La noción de que los estudiantes son visuales, auditivos o kinestésicos y que adaptar la enseñanza a esa preferencia mejora el aprendizaje es, según Heal, un “clásico moderno” con poco respaldo científico.

Más allá de la evidencia, la clasificación funciona a veces como etiqueta identitaria: decirle a un alumno “eres kinestésico” puede convertirse en una excusa para no intentar tareas percibidas como contrarias a esa etiqueta. Además, diferenciar sistemáticamente las clases por estilos exige mucho tiempo y esfuerzo docente, con beneficios poco claros y riesgo de desviar la atención de estrategias que sí favorecen la comprensión y la memoria.

3. Multitarea: el “superpoder” que sale caro

La multitarea suele verse como habilidad pedagógica: gestionar múltiples demandas a la vez se interpreta como profesionalismo. Heal puso en claro una corrección importante: la mente no realiza tareas en paralelo de forma eficiente, sino que cambia de foco entre ellas, y cada cambio tiene un costo cognitivo.

Ese coste se traduce en caída de calidad cuando se intenta sostener demasiadas cosas simultáneamente. Además, celebrar la simultaneidad en la escuela puede fomentar un diseño de aula con más demandas y distracciones, fragmentando la atención. La atención es un recurso limitado y el diseño didáctico influye en cómo se administra.

4. Engagement: la ilusión de una clase “que funcionó”

Heal identificó el “engagement” visible —alumnos activos, dinámicas y entusiasmo— como una señal que fácilmente se confunde con aprendizaje efectivo. Entrar a un aula animada puede dar la impresión de que ocurrió un avance cognitivo, pero no siempre es así.

Comprometer emocionalmente o generar movimiento no garantiza que los estudiantes alcancen los objetivos conceptuales. A veces lo que queda grabado es la superficie de la actividad y no el contenido. Heal puso el ejemplo de un docente que se disfraza: la escena puede ser memorable, pero lo importante es si ese recurso ayudó a comprender y retener el tema central.

5. Habilidades por encima del conocimiento: el atajo del “se busca”

La idea de priorizar habilidades sobre conocimiento, sostenida en que los datos están accesibles en línea, tiene cierta lógica pero puede menospreciar el papel de la memoria. Heal insistió en que aprender implica cambiar la memoria a largo plazo: el conocimiento acumulado no es un depósito inerte sino la base sobre la que se inserta lo nuevo.

Cuanto más conoce un estudiante, más conexiones posibles ofrece para integrar información nueva. Si se externaliza sistemáticamente el esfuerzo cognitivo, lo aprendido tiende a no afianzarse. Desde esa perspectiva, la memoria no es un vestigio de una pedagogía vieja sino una condición para continuar aprendiendo.

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