24 de febrero de 2026
Buenos Aires, 28 C

Espionaje y sabotaje en autos chinos alarma a Europa y Estados Unidos

La mayor sofisticación tecnológica en la industria automotriz ha situado a los automóviles conectados en el centro de una disputa estratégica entre China, Europa y Estados Unidos. El debate principal no gira tanto en torno a los aranceles como a las estrictas restricciones sobre la conectividad que buscan proteger la seguridad cibernética y la información sensible.

Las normas impulsadas desde Washington limitan la entrada de componentes críticos procedentes de China y, al mismo tiempo, están redefiniendo alianzas industriales, reforzando la influencia estadounidense en el desarrollo de los vehículos del futuro, según reportes de prensa.

En EEUU se permite el uso de materiales como plástico y vidrio fabricados en China para el ensamblaje, pero se prohíbe el uso de chips de comunicaciones y software de conducción autónoma de origen chino. La preocupación principal es que sistemas o componentes vinculados a China puedan suponer riesgos para la privacidad y la seguridad nacional.

Los automóviles modernos de alta gama incorporan decenas de cámaras, radares y sensores láser que recogen datos del entorno y del interior del vehículo; además, pueden contar con micrófonos y cámaras para monitorear la atención del conductor. La gestión y el destino final de esos grandes volúmenes de datos es a menudo opaca.

Investigaciones independientes han mostrado ejemplos concretos: un estudio sobre un vehículo eléctrico de la marca Nio documentó que una parte abrumadora de los datos recogidos se transmitía a servidores en China. Más allá del espionaje, expertos advierten sobre el riesgo de sabotaje remoto: pruebas realizadas en autobuses eléctricos chinos demostraron accesos remotos a sistemas de gestión de baterías, y estudios en otros países han detectado vulnerabilidades similares.

China fue el primer país en restringir el flujo de datos desde vehículos extranjeros

Antes de las medidas estadounidenses, China ya había impuesto limitaciones al envío de datos desde vehículos conectados y había aplicado restricciones informales sobre la circulación de ciertos modelos en zonas sensibles. La reacción de EEUU incluyó prohibiciones específicas sobre componentes de conectividad y autonomía de origen chino.

La inquietud por la seguridad se ha extendido a Europa: organismos de defensa y centros de estudio han planteado prohibiciones o recomendaciones para limitar el uso de automóviles chinos en instalaciones y contextos sensibles, por temor a posibles fugas de información o vigilancia.

A pesar de esas reservas, numerosos dirigentes y empresas occidentales han mostrado interés en colaboraciones e inversiones conjuntas con firmas chinas. Algunas industrias europeas y estadounidenses ven en la asociación con proveedores chinos una vía para acelerar su innovación tecnológica y mantener competitividad.

En ese contexto diplomático, Pekín podría solicitar mayor flexibilidad sobre las normas estadounidenses en negociaciones con Washington. Analistas advierten que cualquier relajación podría erosionar la ventaja estratégica que EEUU ha ido consolidando en el sector automotor.

Europa optó por aplicar aranceles a ciertos vehículos eléctricos chinos con la intención de dar tiempo a sus industrias para adaptarse. Sin embargo, esa medida no eliminó la dependencia tecnológica: empresas europeas han externalizado diseño de software y componentes, incrementando el uso de tecnologías desarrolladas en Asia.

En el mercado europeo, algunas empresas chinas combinan carrocerías producidas localmente —lo que evita aranceles— con sensores y software chinos para ofrecer servicios de movilidad autónoma y robotaxis. Así, se separa la aportación del chasis, a menudo europeo, de la inteligencia y el software, de origen chino.

Las restricciones estadounidenses a la conectividad también han incentivado la transferencia de conocimientos y propiedad intelectual mediante acuerdos o joint ventures, cuando el acceso directo a tecnología está limitado. Se han reportado casos de empresas chinas que han transferido software a socios o filiales en Occidente para mantener su posición en la cadena de suministro.

En resumen, las limitaciones sobre la conectividad son hoy un instrumento clave de influencia en la industria automotriz global. Mientras EEUU refuerza su control mediante prohibiciones técnicas, la estrategia europea basada en aranceles ha resultado insuficiente para reducir la dependencia de componentes y software de origen chino, dejando al sector expuesto a riesgos y a nuevas configuraciones industriales.

Artículo anterior

Tía Maruca cambia de dueño y busca reanudar producción

Artículo siguiente

Ezequiel Baraja: reinserción tras la prisión

Continuar leyendo

Últimas noticias