28 de enero de 2026
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Ballenas grises: migración anual de 20.000 km

Cada año, lejos de la superficie y del bullicio humano, ocurre uno de los desplazamientos más prolongados del planeta: la migración submarina de la ballena gris (Eschrichtius robustus), que recorre miles de kilómetros entre zonas polares y subtropicales.

Los biólogos marinos consideran esta ruta como la migración anual más larga documentada entre mamíferos.

El trayecto conecta las áreas de alimentación en el Ártico con las costas de Baja California, México, y exige una combinación excepcional de resistencia física, orientación oceánica e instinto biológico, según explica el biólogo evolutivo Scott Travers en una columna para Forbes.

Un recorrido a través del Pacífico

Las ballenas grises comienzan su migración en las zonas de alimentación del océano Ártico, principalmente en los mares de Bering y Chukchi, entre Rusia y Alaska. Durante el verano boreal, esas aguas frías albergan grandes cantidades de nutrientes que sostienen poblaciones abundantes de anfípodos y otros organismos bentónicos, que constituyen la base de su dieta.

Con la llegada del otoño, las ballenas se desplazan hacia el sur siguiendo la costa del Pacífico norteamericano hasta las lagunas costeras de Baja California, donde las aguas más templadas y la menor presencia de depredadores favorecen la reproducción y el nacimiento de las crías. En primavera, vuelven a las áreas árticas para alimentarse.

Para la población del Pacífico Norte oriental, este ciclo anual supone un desplazamiento entre 16.000 y 20.000 kilómetros, una distancia mayor que la documentada en otras especies de mamíferos.

El viaje puede durar semanas o meses y exige navegar corrientes complejas, soportar condiciones de viento y atravesar zonas donde existen depredadores.

El récord individual que marcó un hito

Los avances en el marcado satelital han permitido registrar recorridos aún más largos. Un estudio publicado en Biology Letters siguió a varias ballenas grises del Pacífico Norte mediante transmisores adheridos al cuerpo.

Una hembra identificada frente a la costa de Rusia, llamada Varvara, recorrió 22.511 kilómetros en un viaje de ida y vuelta de aproximadamente seis meses, estableciendo el mayor registro conocido de migración individual entre mamíferos según los datos del estudio.

Energía, alimento y reproducción

Nadar miles de kilómetros con alimentación intermitente exige un gran esfuerzo energético, pero la migración responde a una lógica ecológica clara.

Un trabajo publicado en Frontiers in Marine Science señala que las ballenas grises dependen de las zonas árticas por la abundancia y calidad del alimento disponible en verano.

La energía acumulada en ese periodo sostiene la migración, la reproducción y las demandas metabólicas posteriores. Al mismo tiempo, las aguas templadas de Baja California resultan más adecuadas para las crías, que tienen una capa de grasa más delgada y menor aislamiento térmico que los adultos.

Este patrón migratorio se ha ido moldeando durante miles de años, optimizando el equilibrio entre el acceso a recursos alimentarios y el éxito reproductivo en ambientes con fuerte estacionalidad.

Un rol ecológico que trasciende la especie

Las migraciones de las ballenas grises tienen efectos que van más allá de su propia supervivencia. Un estudio publicado en 2025 en Nature Communications observó que las ballenas barbadas, incluidas las grises, contribuyen al transporte de nutrientes entre regiones polares y tropicales.

Mediante procesos biológicos como la expulsión de fluidos, la descomposición de restos orgánicos y la excreción de urea, trasladan nutrientes esenciales que favorecen la productividad de ecosistemas distantes. De este modo, su migración influye en la dinámica oceánica y en la disponibilidad de recursos para otras especies.

Observación costera y desafíos actuales

En invierno y a comienzos de la primavera, las ballenas grises suelen transitar a pocos kilómetros de la costa, lo que permite su observación desde playas que se extienden entre Alaska y México. En las lagunas de Baja California, madres y crías permanecen semanas para descansar y socializar, convirtiendo la región en un foco importante para la investigación científica.

Según Travers, este comportamiento migratorio, presente desde el Pleistoceno, actualmente enfrenta crecientes presiones. El cambio climático modifica el hielo marino del Ártico y los ecosistemas bentónicos, con posibles consecuencias para la disponibilidad de presas.

Además, el ruido y el aumento del tráfico marítimo dificultan la comunicación y la navegación, especialmente en corredores costeros. Se han registrado fluctuaciones en las poblaciones y episodios recientes de mortalidad inusual que preocupan a los investigadores.

Ante este panorama, la investigación científica, la cooperación internacional y políticas de conservación efectivas son fundamentales para monitorear y proteger una de las rutas migratorias más largas y exigentes del planeta.

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