Irán y Estados Unidos inician este viernes en Omán conversaciones para evaluar avances diplomáticos sobre el programa nuclear iraní y otros asuntos sensibles, en un contexto de amenazas militares, tensiones regionales y protestas internas. Es el primer contacto de este tipo desde que Washington se sumó en junio a la ofensiva israelí contra instalaciones nucleares iraníes.
Las delegaciones serán encabezadas por el enviado estadounidense para Medio Oriente, Steve Witkoff, y el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi. El sultanato de Omán actúa nuevamente como mediador entre ambos países, que mantienen décadas de confrontación y poca cooperación directa.
Araghchi afirmó en la red social X que Irán entra a la diplomacia “con los ojos abiertos y una memoria firme”, actuando de buena fe y manteniéndose firme en sus derechos. Añadió que los compromisos deben cumplirse y que la igualdad, el respeto mutuo y el interés común son requisitos y pilares de un acuerdo duradero.
Teherán señaló que tiene la responsabilidad de no desaprovechar oportunidades diplomáticas para preservar la paz y expresó su expectativa de que Washington participe con responsabilidad, realismo y seriedad. El portavoz del ministerio de Exteriores, Esmail Baghaei, reiteró en X que Irán busca un acuerdo “honorable” sobre el programa nuclear.
Baghaei subrayó la responsabilidad de no perder oportunidades de utilizar la diplomacia para asegurar los intereses nacionales iraníes y salvaguardar la paz y la estabilidad en la región.
Desde Washington, la Casa Blanca adelantó que la delegación explorará la posibilidad de que Irán alcance una capacidad nuclear cero. La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, advirtió que el presidente Donald Trump dispone de “muchas opciones aparte de la diplomacia”.
Trump confirmó que las conversaciones están en marcha: “Están negociando”, dijo, y añadió que “no quieren que los ataquemos”, al referirse al despliegue naval estadounidense en la región que describió como una “armada”.
El vicepresidente JD Vance afirmó en una entrevista que el mandatario mantendrá abierta la vía diplomática sin descartar el uso de la fuerza: hablará con todos, intentará lograr lo posible por medios no militares y, si la opción militar resulta la única, la elegirá.
Las negociaciones se producen tras una escalada notable: en junio Israel lanzó una guerra de 12 días contra Irán que incluyó ataques a instalaciones nucleares con participación estadounidense, lo que interrumpió rondas de diálogo previas celebradas en Roma y Mascate el año pasado.
El encuentro llega también semanas después del pico de una ola de protestas en todo el país contra el liderazgo clerical. Organizaciones de derechos humanos denuncian una represión masiva con miles de muertos y decenas de miles de detenidos. Trump ha mencionado esta situación y afirmó a manifestantes que “la ayuda está en camino”.
Desde Doha, el canciller alemán Friedrich Merz instó a las autoridades iraníes a comprometerse realmente en las conversaciones y advirtió sobre el “gran temor a una escalada militar en la región”. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan señaló que, hasta ahora, las partes parecen querer abrir espacio a la diplomacia y afirmó que el conflicto “no es la solución”.
Persisten desacuerdos sobre el alcance de la agenda: Estados Unidos busca incluir el programa de misiles balísticos iraní, el respaldo a redes aliadas en la región y el trato a la población iraní, mientras que Irán insiste en limitar las discusiones al expediente nuclear.
En paralelo, el despliegue militar continúa. Estados Unidos posicionó un grupo naval encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, y Teherán advirtió que responderá ante cualquier ataque. El portavoz del ejército, general Mohammad Akraminia, afirmó que están listos para defenderse y señaló que corresponde al presidente de Estados Unidos elegir entre el compromiso o la guerra; agregó que Irán tiene acceso “fácil” a bases estadounidenses en la región.
El programa nuclear iraní sigue en el centro de la disputa. Teherán sostiene desde hace décadas que su desarrollo es con fines pacíficos, aunque algunos funcionarios han amenazado con avanzar hacia un arma nuclear. Actualmente, Irán enriquece uranio hasta niveles cercanos al grado militar, en torno al 60%.
Bajo el acuerdo nuclear de 2015, Irán podía enriquecer uranio hasta el 3,67% y mantener una reserva de 300 kilogramos. Un informe reciente del Organismo Internacional de Energía Atómica situó el stock en cerca de 9.870 kilogramos, con una fracción enriquecida al 60%. Agencias de inteligencia estadounidenses sostienen que Teherán aún no ha iniciado un programa armamentístico, pero estiman que realizó actividades que lo colocan en posición de producir un dispositivo nuclear si así lo decide.
La relación bilateral acumula décadas de tensión desde la Revolución Islámica de 1979 y la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán. Desde entonces, ambos países alternan períodos de confrontación con episodios limitados de diálogo, con un punto alto en el acuerdo nuclear de 2015 y una nueva escalada tras la retirada de Washington del pacto en 2018.
(Con información de AP y AFP)

