Desde su balcón en Teherán, una maestra lanzó consignas contra el liderazgo: “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte al asesino, Khamenei!” en una noche reciente, sumándose a gritos similares que provenían de ventanas y azoteas de su barrio.
Unas pocas voces en defensa de la República Islámica respondieron desde la oscuridad.
“¡Cállense! ¡Ahóguense con eso!”, le contestaron sus vecinos, acallando las expresiones progubernamentales, relató la maestra a The Associated Press bajo condición de anonimato por seguridad.
En todo el país persiste la conmoción por la represión más letal registrada bajo el gobierno del Líder Supremo Ali Khamenei, de 86 años: miles habrían muerto y se estima que decenas de miles fueron detenidos.
A pesar de la brutalidad, hay señales de desafío. La ira contra los gobernantes se aprecia en videos circulados en redes sociales y en conversaciones con manifestantes; sin embargo, varios entrevistados expresaron también sensación de impotencia tras las masivas protestas que fueron enfrentadas con violencia. Todos hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias.
A esa incertidumbre se suma la amenaza de un posible ataque de Estados Unidos: Washington ha desplegado buques de guerra y aviones de combate en la región mientras mantiene negociaciones con Irán sobre su programa nuclear.
El rechazo al régimen se manifiesta en los cánticos nocturnos desde ventanas y azoteas, un ritual que se repite en oleadas de protestas anteriores.
También se observa en las ceremonias conmemorativas realizadas 40 días después de las muertes, conocidas como chehelom, que en tiempos de agitación adquieren con frecuencia un carácter político.
Las conmemoraciones se convierten en protestas
Esta semana se cumplen 40 días desde los hechos más letales del 8 y 9 de enero, y múltiples videos muestran actos de chehelom en pueblos y ciudades de Irán. Algunos de estos encuentros han reunido a cientos de personas que, en ocasiones, rompen en cánticos antigubernamentales.
Muchos de estos actos adoptan un tono festivo: amigos y familiares lanzan flores y cantan, en contraste con la solemnidad promovida por el Estado en actos oficiales. En lugar de usar el término religioso “shaheed” (mártir), muchas familias emplean “javid nam”, que en persa significa “larga vida al nombre”.
Videos verificados por la AP mostraron a cientos de personas en el cementerio principal de Abdanan, en el oeste de Irán, coreando “Muerte a Khamenei” y alzando los puños durante el chehelom de Alireza Seydi, un joven de 16 años muerto el 8 de enero. Las imágenes registran disparos desde un vehículo blindado y nubes que parecerían ser gas lacrimógeno, que dispersaron a la multitud.
En la Revolución Islámica de 1979, los memoriales de 40 días para quienes murieron en manifestaciones solían transformarse en concentraciones que las fuerzas de seguridad trataban de reprimir, generando nuevas muertes que luego eran conmemoradas 40 días después.
Publicaciones en redes sociales han denunciado intentos de las fuerzas de seguridad por limitar la asistencia a algunas ceremonias de chehelom.
“Por cada persona asesinada, mil más se alzan detrás de ella”, coreó una multitud de varios cientos durante un chehelom en Mashhad por Hamid Mahdavi, según un video verificado por la AP. Cuando algunos policías confrontaron a los asistentes, la gente respondió con gritos de “¡Sinvergüenzas!”.
El gobierno organizó su propio chehelom para los fallecidos, en el que la Guardia Revolucionaria describió a las víctimas como resultado de la violencia de grupos “terroristas” armados, supuestamente apoyados desde el extranjero, y calificó la conmemoración como “una oportunidad para renovar el compromiso con la unidad nacional”.
‘Depresión masiva’ e ira
“Más que tristes, las personas están enojadas. Todo el mundo está muy enojado. Todos esperan algún tipo de estallido”, dijo un residente de Karaj, en las afueras de Teherán.
Ese hombre participó en las marchas del 8 y 9 de enero y afirmó que cinco familiares y conocidos fueron asesinados cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos ha contabilizado hasta ahora más de 7,000 muertos y considera que la cifra real puede ser mayor. El gobierno ofreció una única cifra el 21 de enero, afirmando que 3,117 personas fallecieron y denunciando que muchos manifestantes eran “terroristas”.
“No conozco a nadie a mi alrededor que no conozca a alguien que fue asesinado, o alguien que fue arrestado o herido”, dijo la maestra de 26 años en Teherán. Dos conocidos suyos murieron y el esposo de una colega fue detenido, añadió.
Además, la población enfrenta una situación económica que se agrava rápidamente, con la moneda nacional perdiendo valor.
“Cada día, los precios suben”, comentó el residente de Karaj. “Nos estamos acercando a un colapso económico. Comprar fruta se ha vuelto un lujo”.
Un trabajador del sector turístico en el norte de Teherán, que participó en las protestas, señaló que con la llegada del Año Nuevo Persa en marzo el bazar normalmente estaría lleno, pero ahora permanece vacío.
“Es una combinación de duelo, falta de dinero e inflación”, describió, y agregó que la capital vive un estado de “depresión masiva”.
El ánimo también ha afectado la vida cultural. Una actriz conocida anunció que dejaría de aceptar papeles “en esta tierra que huele a sangre”.
Alireza Ostad Haji, conductor de un popular concurso televisivo, expresó condolencias a “todas las familias en duelo” en Instagram y renunció a dos comités deportivos nacionales. Al hablar de Masoud Zatparvar, un ex campeón de culturismo asesinado, rompió en llanto y dijo: “Él no era un terrorista, era un manifestante”.
‘No ven alternativa’
También existe el temor de que las protestas en las calles no alcancen cambios frente al uso abrumador de la violencia estatal.
El residente de Karaj y el trabajador del turismo manifestaron su apoyo a Reza Pahlavi, hijo del sah depuesto, quien desde el exilio se postula como líder de la oposición iraní y ha pedido a Estados Unidos que actúe contra Irán.
Es difícil medir el alcance del apoyo a Pahlavi dentro del país, pero durante las protestas de enero fueron comunes los cánticos a su favor, un cambio respecto a periodos anteriores en que su figura atraía poca atención interna.
Algunos manifestantes incluso admiten desear un ataque estadounidense.
“Cada noche, cada hora, desearía poder escuchar los ataques (de EEUU)”, dijo el trabajador del turismo. “Ya no podemos luchar con nuestros puños contra las ametralladoras”. Añadió que muchos amigos que salieron en enero no volverán a hacerlo por la violencia estatal.
La maestra señaló que, aunque participó en protestas previas, no lo hizo en enero porque rechazaba las expresiones de apoyo a Pahlavi.
No obstante, indicó que algunos amigos que tampoco respaldan al hijo del sah sí se unieron a las manifestaciones de enero y llegaron a repetir consignas como “¡Larga vida al sah!”.
“La gente está muy cansada y no ve alternativa”, dijo.
Le preocupa que un ataque estadounidense provoque una guerra, luchas civiles y más derramamiento de sangre.
“Tengo miedo de que haya más masacres”, añadió.
(AP)

