Camila tenía un sueño desde niña. Con esfuerzo, determinación y el apoyo constante de su madre, alcanzó en pocos años muchos de sus objetivos. A los 22 años es humorista y creadora de contenido con un recorrido notable: comenzó a los 17 publicando decenas de videos diarios en Instagram y TikTok; su trabajo se viralizó y sus personajes se hicieron populares. Hace cuatro años forma parte del streaming “Tarde de Tertulias”, conducido por Marti Benza (hoy en Olga). Además mantiene un canal de YouTube con entrevistas informales y presenta un unipersonal que llena teatros.
– María, estoy muy nerviosa, es un honor estar acá. No me siento tan relevante como para que me entrevistes.
– Sos una figura popular que, en muy poco tiempo, encontró un lugar entre la audiencia joven.
– Tengo conflicto con el merecimiento. Este año estrené mi obra y todo pasó tan rápido que me cuesta dimensionarlo.
– ¿Cuándo te diste cuenta de que te conocían y que crecían tus seguidores?
– Después de la novena función. Ver el teatro lleno me hizo creer que era real; hasta entonces esperaba 200 personas y no pensaba que seguiría. No me permití demasiado tiempo para sentirlo, insistí hasta alcanzar metas paso a paso.
– Insististe sin inhibiciones.
– Sí, desde muy chica fui desinhibida. Hacer reír siempre me resultó natural en familia y con amigos; es un espacio cómodo para mí.
Su generación la descubrió por YouTube: conocen su humor, su vida y su relación con su madre. Camila habla abiertamente con su público sobre inseguridades, fracasos y carencias. A los 22 años tiene millón y medio de seguidores. Algunos de sus personajes más conocidos son “la amiga tóxica”, “la vegana del grupo”, “la que siempre tiene razón” y “la que sabe de astrología”.
“EMPECÉ A STREAMEAR CON MI MAMÁ, EN SU CUARTO Y CON SU COMPUTADORA, DESDE LAS 10 DE LA NOCHE HASTA LAS 3 DE LA MAÑANA”
– ¿Quiénes se acercan más a vos?
– Varía. Empecé transmitiendo con mi mamá desde su cuarto, con su computadora. Era gracioso el contexto.
– A la noche.
– Exacto, de las diez de la noche a las tres de la mañana, y mi mamá trabajaba al día siguiente.
– A esa edad muchas adolescentes tienen conflictos con sus madres.
– Nosotros fuimos cómplices; siempre tuvimos una relación muy cercana. Al principio nos veían personas mayores y, cuando los clips se viralizaron, llegó más público adolescente.
– Siempre hablaste de cosas personales; eso implica exponerse.
– Conté muchas anécdotas pero procuré no mostrarlo todo. Empecé a subir fotos a Instagram hace solo un año por insistencia de un amigo; antes solo publicaba clips y relatos. También evité exponer imágenes o videos de mi padre o la familia.
– Contaste experiencias íntimas. ¿Te costó hablar del bullying?
– Sí. Al principio lo abordaba con humor: me afectó de chica, pero con el tiempo lo convertí en materia para el stand up. Fue mi forma de adaptarme al colegio.
“CON LOS VARONES YO NO ERA OPCIÓN NUNCA”
– También hablaste de desencuentros con los varones.
– Sí, de chica rara vez era considerada opción.
– ¿Por qué?
– No sé. Empecé a interesarme por vestirme y sentirme más femenina hace poco. De chica era muy desalineada, con un look particular que generaba burlas.
“¿EN EL AMOR? NO SÉ QUÉ ES ESO, ME VA MUY MAL. NUNCA ME ENAMORÉ”
– ¿Cómo te va en el amor ahora?
– Mal. Nunca me enamoré; coqueteé con la idea alguna vez, pero me siento bastante sola.
– ¿Por decisión tuya?
– ¡Me encantaría elegir! Pero por ahora estoy sola y bien con eso.
– Dijiste que el compromiso no te gustaba, ¿era verdad?
– Lo decía para justificarme. Me gustaría encontrar a alguien, pero siento que todavía soy joven para eso.
– ¡Tenés 22 años!
– Siento que viví muchas experiencias; por eso a veces me siento “de mayor”.
“SÍ, SOY UNA SEÑORA GRANDE. NO SALGO A BAILAR; LOS CHICOS ME INVITAN PERO PREFIERO QUEDARME EN CASA”
– ¿Decís que sos una señora grande?
– En algunos aspectos sí. Prefiero pasar fines de semana en casa o salir a tomar algo con amigas. De adolescente fui bastante rebelde: una vez me rapé la cabeza y tuve una etapa complicada con malas compañías.
– Ahora sos más tranquila.
– Sí, disfruto de quedarme en casa y hacer programas como “Unos mates con…”, donde invité a figuras que en ese momento estaban en su mejor momento y aceptaron conversar en mi casa, algo que siempre agradecí.
– ¿Por qué creés que aceptaban venir?
– Era un espacio sencillo y honesto: mates en el cuarto de mi mamá, conversaciones largas y francas que generaban confianza, como hablar con alguien en un hogar.
– Hablás también de tus inseguridades.
– Sí, sufro inseguridades y no siento tener la autoestima totalmente formada. Voy a terapia desde los 13, así que trabajo esos temas.
– ¿Con todo lo que lograste seguís teniendo baja autoestima?
– A veces sí. La comparación constante influye. De chica fui muy distinta a lo esperado: masculina, rellenita, con dientes separados, y eso dejó marca. Los comentarios familiares y escolares también pesaron.
– ¿Qué te quedó de esas experiencias?
– Lo relacionado con el peso y la apariencia. Hubo comentarios y situaciones médicas que no ayudaron; quedan secuelas emocionales.
“VERME DESNUDA EN UN ESPEJO NO ES ALGO QUE DISFRUTE”
– ¿Te sigue afectando ahora?
– Lo sigo procesando. Hice una participación en una obra en la que me animé a mostrar más el cuerpo; fue un reto. Me sorprendí pudiendo sentirme sexy, aunque siguen resonando los comentarios del pasado.
– ¿Y los comentarios en redes?
– Trato de no darle demasiada importancia al hate. He visto búsquedas como “Cami Jara cuerpo antes” y pienso: ¿quién lo pide? Busco separar lo que opina un desconocido de lo que pienso yo, y lo trabajo en terapia.
– Tu forma de hablar genera mucha cercanía, que puede tener efectos positivos y negativos.
– Sí. Hay gente que se excede y opina fuera de lugar, tanto en redes como en la vida real. Exponerse tiene un costo y es parte de esto.
– Tenés una voz con mucho caudal.
– Gracias. Quise ser locutora; intenté entrar al ISER y no lo logré. Estudié periodismo un año antes de dedicarme a las redes. Me atraía la idea de un micrófono, de entrevistar con humor y juego, como en CQC.
– ¿Cómo es tu relación con tu mamá afuera del streaming?
– Es muy cercana; fue más amiga que madre en muchos aspectos. Nos acompañamos mutuamente y esa complicidad es muy valiosa.
– ¿Desde que no viven juntas, cambió la relación?
– Mejoró. Vivir separadas permitió establecer límites y una relación entre dos adultos.
“ELIJO COMPARTIR UN ENCUENTRO CON MI MAMÁ, NO UNA DEPENDENCIA”
– ¿Viven cerca? ¿Te ocupás de las tareas domésticas por ella?
– A dos cuadras. No llevo su ropa ni dependo de ella: elegimos compartir cenas o momentos, no dependencia.
– Sos muy madura.
– Lo tomo como un elogio.
“A LOS 20 YA COBRABA MI PROPIA PLATA Y UNA AMIGA DE MI MAMÁ, CONTADORA, ME AYUDABA”
– ¿Desde cuándo decidiste no depender económicamente de tu mamá?
– Desde los 20, cuando empecé a cobrar por mi trabajo. Una amiga contadora de mi mamá me ayudó y eso cambió la dinámica entre nosotras.
– ¿Ahorrás?
– Sí. En este trabajo la situación puede variar: hoy tres marcas quieren trabajar contigo, mañana tenés que buscar oportunidades. Aun así, ahorro y pienso en asegurar un techo: comprar un departamento sería el primer objetivo.
“ME ENCANTARÍA QUE MI VIEJA NO TUVIERA QUE TRABAJAR MÁS. TRABAJÓ MUCHO…”
– ¿Tu mamá alquila?
– Sí.
– ¿Planeás comprarle algo?
– Sí, me gustaría que no tuviera que trabajar más. La vi frustrada por la carga laboral desde chica; eso marcó mi rebeldía. Ella trabajó con horarios muy extensos para sostenernos.
– Pasaron momentos económicos difíciles.
– Sí. La separación de mis padres fue complicada. Mi madre fue quien estuvo más presente y, a pesar de la ayuda de vecinos y del colegio, muchas veces hubo que rebuscársela. De chica no lo percibí como carencia, pero de grande entendés más.
“MI MAMÁ SUPO SER MUY ALIADA DEL MATE, SE AHORRABA EL TEMA DE LA COMIDA”
– ¿Qué faltaba en casa?
– Hubo etapas con la heladera casi vacía; a veces quedaba solo un limón para que no tomara olor. Recuerdo con humor y nostalgia dos años en que la pareja de mi mamá permitió llenar la alacena: fue un tiempo de alivio y muchas primeras experiencias, como conocer la playa.
– Tu mamá se endeudó para que pudieras estudiar y tener lo mismo que tus compañeros.
– Sí, se endeudó mucho para que yo pudiera ir al colegio y no perder oportunidades. Siempre me apoyó desde el inicio: cuando le pedí que me dejara intentarlo con las redes, confió en mí. A los 18 aprendí a negociar con marcas y empecé a cobrar por publicaciones.
– ¿Vos cerrabas esos acuerdos?
– Sí, a partir de los 18 entendí cómo funcionaba y empecé a gestionar mis propias negociaciones.
“HACÍA 50 CLIPS POR DÍA DESPUÉS DEL STREAM; ERAN SEIS HORAS MÁS. LOS SUBÍA A TIKTOK HASTA LAS DIEZ DE LA MAÑANA, NO HABÍA PLAN B.”
– Falta hablar del tiempo que trabajaste. ¿Cuántas horas dedicabas a subir contenido?
– Hacía hasta 50 clips diarios, recortes del streaming de tres horas, y subía todo desde un celular Xiaomi. De esos 50, varios podían viralizarse. Editaba y subía durante seis horas, además de las tres horas del stream; no tenía computadora propia ni equipo profesional.
– Sumado a las horas del streaming.
– Sí; terminaba muy temprano a la mañana, dormía y volvía a streamear por la noche durante un año. Fue agotador y bajé mucho de peso; perdí visión por el exceso de pantalla y descuidé la alimentación, pero la experiencia fue formativa y yo insistí.
– ¿Cuánto trabajás ahora?
– Trabajo menos horas que antes. Participó en TDT y en el streaming, manejo mis redes y ahora tengo representante. Siento privilegio y comodidades que antes no tenía.
“UNO TIENE EL PRIVILEGIO DE TRABAJAR CON PUBLICIDAD, DONDE SE PAGA MUCHA PLATA. ESTÁ BUENO SER CONSCIENTE Y NO VOLVERSE BOLUDO; NO ES LA REALIDAD DE TODOS”
– ¿Qué considerás “normal”?
– La normalidad para mucha gente es trabajar muchas horas por un sueldo que no alcanza. Yo tuve la oportunidad de monetizar en publicidad, que paga bien; eso es un privilegio. Hay que ser consciente y no olvidarse de la realidad de la mayoría.
– ¿A dónde querés llegar?
– Me interesa seguir en el teatro; desde los 14 me atrajo estar en escena. Me encanta encarnar personajes y actuar: disfruto los chivos y la improvisación. Me gustaría seguir sumando experiencias actorales, aunque sea en papeles cortos o cameos.
– Para lograrlo hacen falta talento y disciplina.
– También decisión y trabajo constante. No todo es “el que quiere puede”; muchas personas no tienen chances. Pero quien tiene herramientas y un sueño no debería quedarse quieto: empezar implica vergüenza y poca visibilidad, pero con persistencia el contenido llega a su público. Al principio nadie te ve; hay que confiar en el valor de lo que hacés hasta que otros lo noten.

