Altos niveles de estrógeno en el cerebro pueden aumentar el riesgo de problemas de memoria vinculados al estrés, sobre todo en mujeres.
Un estudio reciente de la Universidad de California, Irvine, sugiere que este efecto podría explicar por qué las mujeres tienen casi el doble de probabilidad de desarrollar trastorno por estrés postraumático y una mayor vulnerabilidad a la demencia en la vejez. El trabajo fue publicado en la revista Neuron.
Estrógeno, estrés y memoria: una relación compleja
Los niveles de estrógeno fluctúan a lo largo del ciclo menstrual: aumentan tras la menstruación y alcanzan su pico justo antes de la ovulación. En esa fase el cerebro muestra mayor plasticidad, lo que facilita el aprendizaje, la formación rápida de recuerdos y respuestas emocionales más intensas.
Ese mismo estado de alta plasticidad puede convertirse en un factor de riesgo si se produce un evento de estrés intenso durante el pico de estrógeno. En la segunda mitad del ciclo, cuando baja el estrógeno y predomina la progesterona, las respuestas emocionales tienden a ser más estables y la fijación de recuerdos traumáticos suele ser menor.
La investigación, dirigida por la doctora Tallie Z. Baram, examinó efectos de múltiples estresores simultáneos, similares a los que ocurren en catástrofes naturales o episodios de violencia masiva.
Los hallazgos indican que la exposición al estrés en períodos de estrógeno elevado puede causar secuelas prolongadas en la memoria: mayor dificultad para recordar hechos y respuestas emocionales más intensas ante recordatorios del trauma.
El equipo se enfocó en cómo las hormonas modulan la memoria tras experiencias estresantes, motivado por la mayor prevalencia de trastornos relacionados con el estrés en mujeres. Concluyeron que las fases del ciclo con estrógeno alto hacen al cerebro más susceptible a alteraciones persistentes en la memoria después de un estrés agudo.
El papel del hipocampo y la diferencia entre sexos
La doctora Baram destacó que el estrógeno es esencial para el aprendizaje y la memoria en condiciones normales. No obstante, cuando sus niveles son altos en el hipocampo —la región clave para consolidar recuerdos— y ocurre un estrés severo, los mecanismos beneficiosos pueden dar lugar a problemas mnésicos duraderos.
En experimentos con ratones, los expuestos a estrés durante picos hormonales mostraron más dificultades para recordar y respuestas más intensas a estímulos asociados al trauma. Con niveles bajos de estrógeno, esos efectos adversos se redujeron significativamente.
En ratones machos el efecto fue menos marcado y operó por vías biológicas distintas, lo que subraya variaciones según el sexo y la fase hormonal en el momento del trauma.
En hembras, la tendencia fue a formar recuerdos traumáticos con mayor rapidez, generalizar el miedo y sufrir consecuencias prolongadas; el factor determinante fue el estado hormonal durante el evento estresante, no lo que ocurría después.
Bases moleculares y oportunidades terapéuticas
A nivel celular, el estrógeno elevado deja el material genético cerebral en un estado más “flexible”, facilitando la activación rápida de ciertos genes. Esa plasticidad es útil para aprender y adaptarse, pero frente a estrés intenso puede provocar modificaciones profundas y duraderas en los circuitos de la memoria.
Los investigadores observaron además una diferencia en los receptores hormonales: en machos predominaba la acción por el receptor alfa y en hembras por el receptor beta. Al bloquear el receptor específico en cada caso, evitaron los problemas de memoria aun con niveles altos de estrógeno.
Estos hallazgos abren la posibilidad de desarrollar tratamientos que consideren las diferencias biológicas entre sexos y protejan la memoria de forma más precisa y personalizada.
Implicancias clínicas y prevención
Los resultados trascienden el laboratorio: ayudan a explicar por qué trastornos como el TEPT y algunas formas de demencia afectan más a las mujeres y por qué las personas que sufren traumas graves durante períodos de alto estrógeno tienen mayor riesgo de secuelas mnésicas a largo plazo.
La coautora Elizabeth Heller, de la Universidad de Pennsylvania, señaló que la predisposición frente al trauma depende del estado cerebral previo al evento; por tanto, el momento hormonal en que ocurre una experiencia adversa influye en la consolidación posterior de las alteraciones de memoria.
La Universidad de California, Irvine concluye que la vulnerabilidad a las secuelas de memoria por estrés no depende solo del tipo de suceso, sino del contexto biológico en que el cerebro afronta ese desafío. Este enfoque ofrece nuevas vías para identificar, prevenir y tratar estos problemas de forma más exacta y personalizada.


