8 de febrero de 2026
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Bebés de dos meses ya organizan el mundo en su mente

Un estudio liderado por científicos de Irlanda muestra que bebés de apenas dos meses ya organizan mentalmente el entorno en categorías.

Este hallazgo cuestiona la idea de que solo los niños mayores son capaces de agrupar objetos por categorías.

Los autores sostienen que la investigación puede orientar nuevas estrategias para favorecer el aprendizaje temprano y detectar posibles dificultades de desarrollo desde etapas iniciales.

Antes de hablar, los bebés distinguen, por ejemplo, entre un pato de goma y un árbol.

El trabajo se publicó en la revista Nature Neuroscience y fue realizado por investigadores de la Escuela de Psicología y el Instituto de Neurociencias del Trinity College Dublín, con participación de equipos de Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y España.

Un misterio en la mente de los más chicos

Determinar cómo y cuándo los bebés comprenden su entorno es difícil porque no pueden verbalizar lo que perciben. Los científicos querían saber si la categorización visual aparece desde muy temprano o si surge más tarde con la experiencia.

También investigaron si esa capacidad es innata o se construye con la exposición visual, y si los bebés distinguen desde temprano entre lo animado y lo inanimado.

Para responder, combinaron imágenes cerebrales avanzadas con modelos de inteligencia artificial que permitieron comparar la organización visual en cerebros infantiles, adultos y sistemas computacionales.

Otra cuestión fue si la experiencia de ver muchas imágenes modifica la organización categórica en el cerebro o si existe una predisposición inicial para clasificar el mundo.

Ver y aprender desde la cuna

Participaron 130 bebés de dos meses y 66 de nueve meses, en su mayoría sanos o con antecedentes neonatales. Los investigadores mostraron imágenes pertenecientes a doce categorías, agrupadas en animales, objetos pequeños y objetos grandes.

Cada sesión duró entre cinco y veinte minutos mientras los bebés veían la pantalla y escuchaban música para mantener su atención; además una cámara registró la dirección de la mirada.

Se aplicaron algoritmos para corregir movimientos y garantizar la calidad de los datos, quedando finalmente 101 bebés de dos meses y 44 de nueve meses con registros válidos.

El análisis se centró en regiones visuales clave, como la corteza visual primaria y la corteza visual ventral, y comparó esos patrones con los de adultos y con representaciones de modelos de inteligencia artificial.

Los resultados indicaron que, incluso a los dos meses, existen zonas cerebrales que agrupan objetos por categorías de forma similar a lo observado en adultos.

Entre lo animado y lo inanimado

Desde los dos meses se observó una distinción clara entre estímulos animados e inanimados en la corteza visual ventral.

“La distinción entre lo animado y lo inanimado estaba presente en la corteza visual ventral desde los dos meses de edad en un grado similar al de las representaciones de categorías”, señalan los autores.

Al comparar con modelos de inteligencia artificial, los investigadores concluyeron que los cerebros infantiles procesan imágenes de forma sorprendentemente elaborada pese a la limitada experiencia visual y ausencia de lenguaje.

La discriminación por tamaño de los objetos era menos marcada a los dos meses, pero se afina con el crecimiento y la exposición. El estudio sugiere que la diferenciación entre animado/inanimado y la percepción del tamaño real se desarrollan conjuntamente.

También se observó que la respuesta cerebral varía según la complejidad visual de las imágenes; las categorías básicas ya están representadas en edades muy tempranas.

Horizontes nuevos para el cerebro y la infancia

Los autores destacaron que la resonancia magnética funcional en bebés despiertos abre nuevas posibilidades para identificar tempranamente problemas del desarrollo y para comprender cómo aprende el cerebro.

Admitieron limitaciones, como la influencia del movimiento y las diferencias individuales, y señalaron que la muestra mayoritariamente sana limita la generalización a otros grupos.

Concluyeron que el cerebro humano posee desde los primeros meses una predisposición para organizar el mundo en categorías visuales, y que la experiencia del primer año fortalece esa organización.

Recomendaron estudios longitudinales adicionales, uso de videos, pruebas de descanso y controles anatómicos y cognitivos en distintas edades para seguir la evolución de la organización visual en la infancia.

Estos hallazgos también inspiran el desarrollo de modelos de inteligencia artificial que emulen la rapidez y flexibilidad del aprendizaje visual infantil.

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