14 de febrero de 2026
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Síndrome del corazón roto: síntomas y prevención

Un dolor intenso en el pecho acompañado de palpitaciones, sudoración, mareo y dificultad para respirar suele asociarse a un infarto y requiere atención médica inmediata.

No obstante, cada vez con mayor frecuencia, al llegar a urgencias algunos pacientes reciben otro diagnóstico: el síndrome del corazón roto, o miocardiopatía de Takotsubo. Se presenta con síntomas muy parecidos a los de un infarto y afecta mayoritariamente a mujeres posmenopáusicas, aunque puede ocurrir en cualquier persona.

Esta condición se desencadena por un golpe emocional intenso o por estrés agudo y sus manifestaciones imitan las de un ataque cardíaco. Si se detecta a tiempo y se trata adecuadamente, la recuperación suele ser completa y sin secuelas. A continuación se ofrecen pautas para prevenirlo.

La buena noticia es que el síndrome puede prevenirse en parte y, en la mayoría de los casos, es reversible: la mayoría de los pacientes se recupera en pocas semanas sin secuelas permanentes.

“Se trata de una alteración transitoria del corazón que aparece tras un impacto emocional o un estrés muy intenso. El músculo cardíaco se ‘aturde’ temporalmente y pierde capacidad de contracción, lo que provoca síntomas semejantes a los de un infarto. La diferencia fundamental es que las arterias coronarias no están obstruidas: el problema reside en la reacción del propio miocardio al estrés”, explica el doctor Juan Pablo Costabel (MN 119403), jefe de Internación y Unidad Coronaria del ICBA Instituto Cardiovascular.

El síndrome se detecta mayoritariamente después de los 50 años y entre 8 y 9 de cada 10 pacientes son mujeres, en especial tras la menopausia. Según estudios internacionales, representa entre el 1% y el 3% de los cuadros que ingresan a urgencias como “posible infarto”, lo que equivale a una incidencia estimada de 15 a 30 casos por cada 100.000 personas al año.

“En Argentina no existe un registro nacional consolidado, por lo que no hay cifras oficiales a nivel país, pero en centros cardiológicos de referencia observamos un incremento en los diagnósticos”, señala el doctor Costabel.

El especialista del ICBA apunta dos razones para el aumento de diagnósticos: mayor conocimiento y mejores estudios (como ecocardiogramas) que permiten reconocer la enfermedad, y probablemente una mayor exposición de la población al estrés crónico. Lo más probable es que ambos factores actúen en conjunto.

El ABC del corazón roto: el diagnóstico y los síntomas

Descrito en la década de 1990 por el médico japonés Hikaru Sato, el síndrome de Takotsubo recibe su nombre por la semejanza entre la forma que adquiere el ventrículo durante la crisis y unas vasijas japonesas llamadas takotsubo. Aunque el mecanismo exacto no está completamente definido, la evidencia clínica apunta a una sobrecarga de adrenalina como desencadenante: ante un estrés agudo, la liberación excesiva de catecolaminas altera la contracción del músculo cardíaco y produce el cuadro clínico.

“No existe una prueba preventiva de rutina para saber quién va a sufrir este síndrome. Sin embargo, una vez que aparece la sintomatología, se puede diagnosticar con rapidez. El ecocardiograma es el estudio principal: es rápido, preciso y ampliamente disponible, y muestra patrones típicos. La resonancia magnética puede ser útil cuando hay dudas diagnósticas o para descartar otras enfermedades”, explica el doctor Alan Sigal (MN 152.717), coordinador del Servicio de Emergencias del ICBA Instituto Cardiovascular.

Por eso es esencial consultar de inmediato ante la aparición de síntomas: cuanto antes se evalúe, más pronto se confirmará el diagnóstico y se iniciará el tratamiento adecuado. Las señales de alerta más importantes son:

Dolor intenso en el pecho, que puede sentirse como opresión o peso.Falta de aire o sensación de no poder respirar bien.Palpitaciones o latidos muy acelerados.Sudor frío, náuseas o mareos.En algunos casos, desmayo.

El riesgo del estrés y cómo son los tratamientos

Los estudios indican que el estrés es uno de los desencadenantes más frecuentes. Suele relacionarse con eventos estresantes agudos —muerte de un ser querido, rupturas, conflictos graves, problemas laborales o económicos— u otros sucesos traumáticos que generan gran angustia.

“El estrés crónico deja el corazón en un estado de mayor vulnerabilidad por la tensión y la ansiedad persistentes. La depresión y los estados de ánimo negativos también contribuyen, tanto por el efecto directo sobre el organismo como por hábitos poco saludables asociados, como dormir mal, alimentarse mal o disminuir la actividad física”, agrega el doctor Sigal.

El pronóstico suele ser favorable: más del 90% de los pacientes recupera completamente la función cardíaca en 3 a 6 semanas. En casos menos frecuentes puede ser necesario soporte hemodinámico temporal hasta que el corazón se recupere.

El manejo inicial incluye internación y monitoreo para evaluar la evolución, seguido de medicación que facilite la recuperación del músculo cardíaco. Se emplean habitualmente fármacos que reducen el efecto de las catecolaminas, como los betabloqueantes. También es fundamental abordar el factor emocional y, si corresponde, ofrecer apoyo psicológico.

Qué podemos hacer para reducir los riesgos

Aunque muchos desencadenantes son eventos de la vida que no siempre se pueden evitar, sí es posible disminuir el riesgo cuidando la salud física y emocional. Estas recomendaciones son útiles para toda la población y resultan especialmente pertinentes a partir de los 40–45 años y para mujeres posmenopáusicas.

Dormir bien y con regularidad.Realizar actividad física de forma habitual, aunque sea caminar.Mantener una alimentación equilibrada.No fumar.Apender a manejar el estrés con herramientas como la respiración, la meditación, la terapia o actividades recreativas.Cuidar la salud mental y pedir ayuda si hay ansiedad o depresión.Realizar controles cardiológicos periódicos.

“El mensaje clave es que el corazón no solo responde a factores clásicos como colesterol o hipertensión: las emociones, el estrés y la salud mental también afectan de manera real y medible. Por eso cuidar la forma de vivir y la salud emocional es parte esencial de la prevención cardiovascular”, remarca el doctor Sigal.

San Valentín y los corazones acelerados que no hacen mal

En febrero, además de la conmemoración del Día Internacional de las Cardiopatías Congénitas, se celebra San Valentín, lo que permite hablar sobre cómo responde el corazón ante el enamoramiento.

El ritmo cardíaco varía según el equilibrio entre dos ramas del sistema nervioso: el parasimpático, que frena el corazón, y el simpático, que lo acelera. Ante una situación emocionalmente relevante, como ver a alguien que nos atrae, se activa el sistema simpático y se liberan catecolaminas (adrenalina y noradrenalina).

“Esa activación aumenta la frecuencia y la fuerza de las contracciones, lo que hace que se perciban latidos más fuertes o acelerados. Es una respuesta fisiológica normal, no una enfermedad: el corazón está diseñado para reaccionar rápidamente a cambios emocionales y ambientales”, concluye el doctor Sigal.

*El Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) fue fundado en 1978 con el objetivo de mejorar la vida de las personas con enfermedades cardiovasculares. Es un centro de referencia en el tratamiento de patologías cardiacas en Argentina y la región.

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