26 de febrero de 2026
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Flor Peña quiere ser anónima

En una entrevista con Nilda Sarli en el ciclo Mil vidas, Florencia Peña ofreció un testimonio sobre el lado más incómodo de la exposición mediática. La actriz, con más de treinta años de trayectoria, describió las dificultades personales que le genera la fama y el desgaste de vivir bajo la mirada constante del público y la prensa.

Peña definió la fama como una carga emocional compleja: explicó que padece fobia social y que las interacciones públicas le resultan difíciles. Dijo que hace un gran esfuerzo por mostrarse amable con quienes se le acercan, incluidos los cronistas, y que trabaja diariamente para respetar el trabajo de los demás pese a su malestar.

La pérdida del anonimato, relató, se transforma en un obstáculo para su bienestar. Detalló que incluso al viajar o salir dentro del país enfrenta pedidos de fotos, toques y abrazos que le quitan privacidad; aunque acepta esas muestras, a veces desea pasar desapercibida y poder mostrarse sin preparación sin que se viralicen imágenes y críticas en las redes.

Actividades sencillas, como leer en un café o caminar por la calle, se ven condicionadas por la exposición: dijo que no puede sentarse a leer tranquilamente y que salir a caminar se siente casi prohibido por la atención pública que recibe.

La charla abordó además la industria del chimento y lo que Peña llamó “la industria del invento”. Diferenció entre la fama que surge del trabajo profesional y la fama perseguida como objetivo vacío, expresando rechazo hacia la maquinaria mediática que inventa relatos.

Advirtió que la exposición constante tiene efectos profundos: cada gesto, palabra u acción se transforma en motivo de análisis y crítica en los medios, lo que termina repercutiendo en el estado emocional de la persona pública.

La sobreexposición, señaló, también afecta a su entorno familiar, en particular a sus hijos. Comentó que dialoga con ellos sobre los errores y la necesidad de aprender de las equivocaciones, y que les brinda herramientas para manejarse en un mundo hipervigilado y conectado.

Peña enfatizó que les transmite a sus hijos una mirada crítica frente a la fama y la superficialidad de la exposición digital, insistiendo en que la popularidad no debe ser un objetivo en sí mismo sino una posible consecuencia del trabajo creativo. También relativizó la figura del influencer como algo pasajero que no necesariamente aporta satisfacción personal.

Finalmente, describió cómo la mirada ajena influye en su comportamiento cotidiano: la fama le provoca timidez y la inhibe cuando siente que la observan. Incluso pidió a su profesor que la espere afuera del gimnasio para evitar entrar sola, un gesto que ilustró la incomodidad que le generan situaciones que para otros son rutinarias.

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