14 de febrero de 2026
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Polémica por la ropa importada: más del 93% del consumo proviene de la industria nacional

En 2025 la expansión de las compras externas se sintió con fuerza en sectores sensibles: las importaciones totales aumentaron 24,7% en valor, mientras que los bienes de consumo (excluyendo automotores) crecieron 54%. En volumen, los bienes de consumo importados crecieron 53,3% en un año, en un contexto de caída de los precios internacionales.

Estos datos reflejan una mayor disposición de los consumidores a adquirir productos del exterior, motivada por la necesidad de ahorrar frente a la inflación, la recesión y la elevada carga impositiva.

Los orígenes que más aumentaron sus ventas al país fueron Vietnam (69,9%), Indonesia (56,3%) y China (53,9%), evidenciando el avance de proveedores asiáticos en bienes de consumo masivo.

Vietnam, Indonesia y China encabezaron los incrementos en las compras externas, con subas de 69,9%, 56,3% y 53,9% respectivamente.

Dentro de la canasta importada, los mayores incrementos se dieron en alimentos y bebidas procesados para la industria (86,7%), con un fuerte aumento en carnes y despojos comestibles (244,4%).

También crecieron notablemente las importaciones de alimentos y bebidas para el hogar (68,9%), frutas y cítricos (52,5%), preparaciones a base de cereales y productos de pastelería (80,2%), residuos de la industria alimentaria y alimentos para animales (155,8%), pieles y cueros (56,7%), manufacturas textiles (50,7%), aluminio (40,4%) y automóviles y tractores (60,8%). En calzado, sombreros, paraguas y accesorios el aumento fue de 29,4%.

La preocupación por la competitividad industrial no es nueva, pero se profundizó por la combinación de presión tributaria, costos laborales elevados y un marco macroeconómico restrictivo.

Representantes del sector industrial consultados señalan que impuestos nacionales y provinciales pueden elevar los precios finales locales hasta alrededor de 50% frente a un producto importado similar.

Ese diferencial de costos fomenta las compras en tiendas extranjeras vía envíos por courier y el turismo de compras en países limítrofes, donde la diferencia cambiaria permite adquirir indumentaria y calzado a menor precio.

Además de esas dificultades estructurales, las cámaras empresarias alertan sobre la llamada “industria del juicio laboral”, que, según sus reclamos, limita la inversión y pone en riesgo la estabilidad de muchas empresas. Los litigios por accidentes de trabajo o despidos son frecuentes y una sentencia adversa puede amenazar la continuidad de compañías.

Ante ese panorama, el sector privado advierte sobre el riesgo de desindustrialización y la pérdida de miles de empleos fabriles si no se adoptan reformas estructurales; sin embargo, el análisis muestra una realidad más compleja.

A pesar del crecimiento de las importaciones y la presión de competir con precios internacionales, la industria local conserva relevancia en la preferencia de los consumidores.

El consumo nacional de productos textiles y sus manufacturas representa 4,6% del gasto total de los hogares argentinos.

Según los datos disponibles, ese consumo equivale a USD 35.226 millones anuales (aproximadamente $89.800 mensuales por persona). En el caso de artículos de pieles y cueros, la participación es del 2,2%, o USD 16.847 millones al año (unos $42.950 mensuales por habitante).

Las importaciones de productos textiles sumaron USD 1.789 millones en 2025, apenas 5,1% del consumo del segmento. En pieles y cueros, las compras externas totalizaron USD 1.138 millones, equivalentes a 6,8% de la demanda nacional.

Estos números contradicen una sustitución masiva de la producción local por importaciones: pese a la mayor oferta y precios más bajos en el exterior, la ropa y el calzado de origen nacional siguen dominando el mercado.

El análisis de la relación entre consumo interno y compras externas es claro: por cada dólar gastado en 2025 en indumentaria y textiles para el hogar, USD 18,7 correspondieron a productos fabricados en el país. En cuero y calzado, por cada dólar importado hubo USD 13,8 gastados en producción nacional.

Así, más del 93% del consumo de indumentaria y calzado continúa siendo cubierto por la industria argentina, un indicador que, según fuentes del sector, refleja la capacidad de adaptación y resiliencia de las empresas locales en un contexto adverso.

Oferta y demanda global

En términos macroeconómicos, el PBI promedio de 2025 fue equivalente a USD 690.000 millones. La oferta global, incluyendo importaciones por USD 75.791 millones, alcanzó USD 765.790 millones.

Las importaciones representaron 11% del PBI y 9,9% de la oferta global; aunque crecieron respecto de años anteriores, siguen por debajo de los niveles de apertura de otras economías emergentes.

La demanda interna de productos nacionales —excluyendo los USD 87.077 millones exportados, que incluyen insumos importados— se estimó en unos USD 678.700 millones: USD 552.470 millones en consumo público y privado y USD 126.240 millones en inversión bruta interna fija.

De ello se infiere que, en la demanda doméstica total, por cada dólar de origen externo, nueve se abastecen con producción argentina, aunque en las grandes ciudades se observa una mayor presencia de productos importados en las góndolas.

Los factores que explican la preferencia por productos nacionales son diversos.

La identificación cultural y la valoración de la calidad local continúan influyendo en la decisión de compra; muchas empresas nacionales han incorporado tecnología y diseño para abarcar distintos segmentos de mercado.

Los avances en acuerdos dentro de la Unión Europea y el Mercosur, así como convenios bilaterales con Estados Unidos, apuntan a incrementar las exportaciones argentinas hacia mercados mucho más grandes que el doméstico, donde la participación del país es limitada.

Argentina actualmente concentra cerca del 0,3% de las exportaciones mundiales; en la década de 1950 ese porcentaje superaba el 1%.

El objetivo de las políticas exportadoras es ampliar la base de empresas que venden al exterior: hoy exportan unas 8.000 empresas, frente a más de 250.000 empresas registradas en el Sistema Integrado Previsional Argentino con más de diez trabajadores, sin la intención de debilitar la industria local.

Con estas acciones se busca revertir la histórica condición de Argentina como una de las economías más cerradas, según análisis del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional citados recientemente.

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