Durante años, la logística del comercio electrónico se centró en una idea: entregar cada vez más rápido. Datos recientes muestran que esa prioridad ha cambiado; la rapidez ya no es la preferencia principal del consumidor.
Una consultora global indica que la prioridad logística ha pasado del primer al quinto lugar. Hoy, el 90% prefiere una fecha de entrega fiable antes que una entrega rápida pero incierta. No es un detalle menor: representa una redefinición del valor logístico.
Lo que dicen (y pagan) los consumidores
El estudio E-commerce Delivery Compass 2025, realizado por una plataforma líder en gestión de envíos y con 8.000 consumidores europeos, muestra:
El 66,3% de los consumidores abandona el carrito si los costes de envío son elevados.Solo el 41% estaría dispuesto a pagar por entregas más rápidas, y en promedio acepta desembolsar apenas el 9% del valor total del pedido (unos €4,30 en una compra de €50).El 82% prefiere “entrega gratis” antes que “entrega rápida”, incluso si eso implica esperar más días.
En España, estos patrones se acentúan:
Menos del 10% de los consumidores en España paga de forma voluntaria por acelerar la entrega.El 79,9% añade artículos al carrito para alcanzar el umbral de envío gratuito.
Estos datos muestran que la velocidad no se valora de forma general: puede impulsar ventas en contextos concretos, pero no es un fin en sí mismo.
El efecto de la promesa de entrega rápida responde más a la reducción de la «ansiedad por el envío» que a una necesidad real de urgencia. Un mensaje como «llega mañana» puede ser decisivo en compras impulsivas —tecnología, moda y gadgets— donde el cliente no necesita el producto inmediatamente, pero desea obtenerlo cuanto antes.
Por ejemplo, en el lanzamiento de un nuevo teléfono, la percepción de disponibilidad inmediata genera sensación de exclusividad y facilita la decisión de compra.
En compras planificadas, como muebles y electrodomésticos, la rapidez es secundaria. Lo importante es la precisión, la trazabilidad y la calidad del servicio postventa.
Si compras un sofá y vives en un edificio, prefieres una franja horaria fiable para coordinar la entrega; no quieres esperar todo el día por una promesa genérica como «entre las 9 y las 18».
El costo oculto de la velocidad
Priorizar la rapidez sin segmentar encarece la operación. En España, el coste de la última milla ya se sitúa entre €5,60 y €6,02 por paquete, un aumento interanual del 10,77%.
Reducir plazos obliga a crear redes más densas —dark stores, uso de tiendas como hubs urbanos, flotas dedicadas—, lo que reduce la eficiencia de la flota, incrementa el coste por envío y aumenta la huella de carbono.
Además, la sostenibilidad gana peso: varios países europeos exigen o incentivan flotas de e-commerce 100% eléctricas para mitigar el impacto ambiental.
En resumen, la velocidad tiene un coste y no siempre compensa; la verdadera ventaja para el consumidor es ofrecer certeza y visibilidad.
Certeza + visibilidad = confianza
Mensajes vagos como «entrega en 3–7 días» frustran al cliente, que suele anclar al peor escenario. En cambio, una fecha concreta —«entrega el martes 28»— resulta más efectiva que una promesa rápida pero imprecisa.
La certeza exige además visibilidad continua: los consumidores quieren saber dónde está su paquete, si hay retrasos y cuál es la hora estimada de llegada.
Los estudios indican que el 85% valora tanto el seguimiento en tiempo real como la velocidad de entrega. Aunque en EE. UU. los plazos medios han bajado de 6,6 días (2020) a 4,2 días (2023), la puntualidad solo alcanza entre el 72% y el 80% de los envíos.
Todo ello muestra que la confianza se construye con precisión y transparencia, no solo con rapidez.

