La eliminación del libre tránsito que permitía a ciudadanos cubanos entrar a Nicaragua ha puesto fin al uso de ese flujo migratorio como vía abierta hacia Estados Unidos y reduce un sistema que combinó movilidad y lucro para el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Desde el 8 de febrero de 2026, Nicaragua revirtió la exención de visa para cubanos, política vigente desde noviembre de 2021, que había convertido al país en un punto de paso frecuente para quienes buscaban llegar a la frontera sur estadounidense.
La nueva norma exige a los cubanos una visa consultada previa para ingresar, terminando con años de ingreso sin requisitos de visado y cerrando en la práctica una ruta que funcionó como corredor migratorio hacia el norte.
La reanudación de la exigencia de visas para ciudadanos cubanos fue anunciada oficialmente por el director general de Migración, Juan Emilio Rivas Benítez, y confirmada por el Ministerio del Interior en Managua.
Con el cambio de “exento de visa” a “visa consultiva”, los cubanos quedan sujetos al mismo régimen de autorización previa que aplicaba a otros visitantes que requieren permiso para entrar al país.
El Ministerio del Interior informó que las solicitudes se atenderán en línea a través del correo solicitudes@mint.gob.ni y que, una vez aprobadas, los solicitantes deberán acudir a una sede consular para recibir el estampado correspondiente.
Además, el Ministerio divulgó una lista de 128 países cuyos ciudadanos deberán solicitar visa para ingresar, entre los que figuran aliados como Cuba, China y Venezuela; la disposición 002-2026 establece que a estos viajeros se les otorgarán visas solo tras la consulta previa con las autoridades nicaragüenses.
La exención de visa para cubanos fue establecida el 22 de noviembre de 2021 por el gobierno de Ortega y Murillo con argumentos de carácter humanitario tras la pandemia de COVID-19.
Desde entonces, las aerolíneas aumentaron las conexiones directas entre La Habana y Managua, y miles de cubanos utilizaron esa ruta como etapa en su trayecto hacia la frontera norte de Estados Unidos.
Nicaragua se consolidó como corredor por la existencia de vuelos directos desde Cuba y otras regiones, incluidos itinerarios desde África y Asia, operados por compañías como Conviasa y Aruba Airlines, con precios de pasaje que en ocasiones alcanzaban miles de dólares.
El aeropuerto internacional Augusto C. Sandino, en Managua, se transformó en el punto de llegada para migrantes que, al aprovechar la exención de visa, ingresaban y luego continuaban por tierra a través de Honduras, El Salvador, Guatemala y México con destino a Estados Unidos.
Conviasa reanudó vuelos La Habana–Managua desde el 15 de diciembre de 2021 con frecuencias semanales, además de operar otras rutas con escalas hacia Managua.
Gran parte del flujo migratorio también llegó mediante vuelos chárter: entre enero y octubre de 2023 se registraron más de 500 vuelos chárter desde Cuba hacia Nicaragua, un promedio de alrededor de 50 por mes.
Tras la apertura nicaragüense, el aumento de migrantes cubanos hacia Estados Unidos fue notable: registros oficiales en Estados Unidos pasaron de 39,303 entradas de cubanos en la frontera sur en 2021 a más de 224,000 al año siguiente.
Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, ha señalado que el gobierno nicaragüense aprovechó ese flujo irregular como instrumento político y económico.
Según el monitoreo de Orozco, cada migrante que llegaba por vía aérea a Managua pagaba entre 1,500 y 2,000 dólares al sistema nicaragüense en conceptos como salvoconductos, visas e impuestos; quienes transitaban por tierra pagaban alrededor de 150 dólares para cruzar el país.
La estrategia del “trampolín migratorio” combinó visa exenta con rutas aéreas directas, principalmente La Habana–Managua; muchos viajeros permanecían pocos días en Nicaragua antes de continuar con ayuda de redes de tráfico hacia el resto de Centroamérica.
En paralelo se desarrolló en Nicaragua una red logística de apoyo al tránsito —taxis, autobuses, hoteles y alimentación— que, según Orozco, solo pudo operar con la aquiescencia o supervisión de las autoridades.
Ese negocio del tránsito facilitó el movimiento de un volumen elevado de migrantes irregulares: medios locales citan cifras de al menos 1.14 millones de personas que habrían pasado hacia la frontera estadounidense entre 2022 y los primeros días de 2026.
En 2023, tres millones de personas llegaron a la frontera sur de Estados Unidos; Orozco atribuye aproximadamente un 10% de ese total a movimientos relacionados con Nicaragua, estimando alrededor de 300,000 personas vinculadas a salidas por vuelos y expulsiones nicaragüenses.
Tras la apertura de Nicaragua al tránsito sin visa, las detenciones de cubanos aumentaron significativamente: por ejemplo, entre noviembre de 2021 y marzo de 2022 las detenciones reportadas en estaciones mexicanas o remisiones hacia Estados Unidos pasaron de 6,681 a más de 32,000.
La ruta que pasaba por Managua reducía la necesidad de enfrentar el peligroso paso del Tapón del Darién entre Colombia y Panamá, y se percibía como una alternativa más accesible para muchos migrantes.
Las autoridades nicaragüenses catalogaron esos movimientos como turismo en muchos casos, aunque el destino final de numerosos pasajeros era la frontera norte de Estados Unidos.
El tránsito se constituyó en un negocio que benefició a intermediarios y, de forma indirecta, al Estado; los registros del aeropuerto de Managua mostraron picos de llegadas en los últimos años.
En 2023 llegaron por vía aérea a Managua 879,000 pasajeros; en 2024 fueron 728,700; y entre enero y noviembre de 2025 la cifra fue de 580,500 viajeros, menor que en años anteriores pero aún significativa.
El Banco Central de Nicaragua reportó que de los 580,500 pasajeros que entraron en 2025, alrededor de 525,000 salieron del país por avión, lo que sugiere que cerca de 55,500 continuaron por tierra hacia México y Estados Unidos.
Ese volumen de quienes no regresaron por vía aérea en 2025 es la cifra más baja en cuatro años, frente a retornos de entre 105,000 y más de 300,000 en períodos anteriores.
La reducción del flujo quedó reflejada en datos de Honduras, que en 2025 registró 39,384 ingresos de migrantes irregulares procedentes de Nicaragua, la cifra más baja en cuatro años.
En comparación, Honduras contabilizó 369,258 ingresos de ese tipo en 2024 y 545,043 en 2023, lo que evidencia una caída marcada en el tránsito que antes pasaba por Nicaragua.
El declive también se observó en la frontera de Estados Unidos: la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) reportó 373,313 cruces irregulares en 2025, frente a 1.91 millones en 2024.
El endurecimiento de la política migratoria estadounidense con el regreso de Donald Trump a la presidencia tuvo un efecto directo: se aplicaron medidas más estrictas para frenar ingresos irregulares, incluyendo la suspensión de programas de parole y controles más severos sobre vuelos chárter.
Esas medidas desincentivaron los vuelos que traían migrantes a Managua desde diversas regiones, afectando la viabilidad económica del modelo de tránsito que se había desarrollado.
La presión internacional, en particular desde Washington, responsabilizó a Managua de facilitar rutas que alimentaban la migración irregular hacia Estados Unidos.
Ante ello, se aplicaron sanciones dirigidas a funcionarios y empresas vinculadas con operaciones de vuelos y tráfico de migrantes, con el objetivo de reducir ese flujo.
Orozco sostiene que con la llegada de medidas más restrictivas la demanda migratoria cayó y el gobierno nicaragüense perdió una fuente de ingresos asociada a ese tránsito.
Según Orozco, pese a advertencias y sanciones desde febrero de 2024, Nicaragua continuó facilitando algunos vuelos hasta mayo de 2024 y siguió cobrando salvoconductos a migrantes en tránsito.
Con la eliminación del ingreso sin visa para cubanos, Nicaragua deja de operar de la misma manera como corredor migratorio hacia Estados Unidos: la exigencia de visa consultada impone barreras administrativas que dificultan la entrada espontánea y reducen la capacidad de uso del país como trampolín.
Conviasa, la aerolínea estatal venezolana, anunció la suspensión temporal de sus vuelos a Nicaragua poco después de conocerse la retirada de la exención de visado para cubanos.
Este cambio representa un giro en el papel que Nicaragua desempeñó durante años en la crisis migratoria regional y marca el fin de un periodo en que la migración funcionó como herramienta política y actividad económicamente significativa para el gobierno.
Sobre la motivación de cerrar esa vía para no irritar a Estados Unidos, Orozco considera que la medida puede ser un cálculo erróneo, pues los datos no muestran un aumento de la migración cubana desde el año anterior.
Orozco observa que la decisión parece buscar evitar reacciones estadounidenses ante un eventual aumento de migración cubana por Nicaragua, aunque, según su análisis, esa migración no ha crecido desde el año previo.

